Dominada por el Deseo - Joseph&Tú

Dominada por el Deseo - Joseph&Tú

—¿Te has permitido alguna vez dejarte llevar por un hombre cuyo único propósito sea el de darte placer? Las palabras aparecieron en la pantalla del portátil de _____(tn).Inspiró,sobresaltada.¿C ómo podía saber él que era eso lo que ella quería?

Dominada por el Deseo; Capitulo O4

-Cuando una mujer vende su cuerpo, un hombre revisa su cartera antes de volver a mirarla. Si estás ansiosa y dispuesta un hombre no tiene que pensar en nada más. Si estás ansiosa y dispuesta sólo para él, haces que arda de pura necesidad. En este momento, yo estoy duro como una roca.

La noche comenzaba a cerrarse finalmente en torno a ellos. ____ tragó saliva. Joe la miró a través de la oscuridad de la cabina de la camioneta. Para ser sincera consigo misma, se había excitado. ¿Se habría dado cuenta él de que nunca antes se había vestido provocativamente para un hombre?
-Si fueras mía -continuó él con un ronco susurro -, mostrarías una imagen elegante en público, pero en privado... -Sonrió, sus dientes blancos, iluminados por la luz de la luna, resaltaron en la oscuridad de la cabina; era una sonrisa que prometía placer-. En privado, llevarías todavía menos ropa de la que llevas ahora. Mucha menos. Ni siquiera ese tanga inservible que llevas puesto.
___ apenas podía respirar. No quería vestirse así. Parecería barata y fácil.
Pero no podía negar que también la hacía sentirse consciente de su cuerpo, de su poder femenino. Sexy, necesitada y deseable. ¿Cómo era posible?
-Eres demasiado directo.
-Soy sincero -admitió- ¿Para qué mentir?
-Oh, no sé. Para parecer educado. -Joe simplemente bufó-. Y estas bragas no sirven para nada. Ni siquiera cubren lo esencial.
-Exacto. ¿Y para qué quieres que te cubran?
Ella soltó un grito ahogado.
-No soy de las que les gusta exhibirse.
-Pero si fueras mía, lo que hay bajo la falda sería mío no tuyo, para mostrarlo u ocultarlo a quien yo quiera y donde yo quiera.
Esas palabras la hicieron arder de indignación, y también la llenaron de un deseo implacable e inconfundible. Se quedó sin aliento.
-¿Te asusto, cher? Eso es sumisión. Dejar el control en manos de otra persona. Tu intimidad, tu cuerpo, tu placer.
Se quedó callado varios minutos, y ____ se perdió en sus propios pensamientos. ¿Querría un Amo que su pareja mostrara parte -o todo- sucuerpo a quien él quisiera? ¿Dónde él quisiera? ¿En cualquier momento? Se movió inquieta en el asiento al pensarlo. Era perturbador y escandaloso. Pero al mismo tiempo esas palabras eran provocativas, prohibidas. Por Dios, se había vuelto loca.
Se sintió invadida por la curiosidad. Por eso, se permitió preguntarle. Después de todo, tenía que entrevistar a ese sujeto. Integridad periodística y todo eso.
-Lo que dices, parece egoísta y pervertido, exponer así a alguien sin tener en cuenta sus sentimientos.
-Puede parecer eso a primera vista.
-¿Cómo que a primera vista?
-Como te dije en el chat, una de las tareas de un buen Amo es ver en el alma de la sumisa y concederle cada placer que desee. Muchas sumisas no son conscientes de sus deseos más secretos. -La miró, sus ojos color chocolate eran penetrantes y directos-. O les parece tan vergonzoso que se niegan a confesarlos.
Estaba hablando de ella. «Sobre ella». Se lo dejaba claro con su ardiente mirada. ____ comenzó a respirar con rapidez y se le aceleró el corazón. No podía ignorar que su vientre -y sus pezones- estaban doloridos y tensos.
-Obligas a una mujer a que lleve a cabo actos que crees que desea en secreto, aunque ella no quiera admitirlo.
-Tiene que aceptarlos para encontrar verdadera satisfacción. Yo sólo la ayudo.
-¿De qué manera? Quiero decir, ¿siempre estás tratando de leerle la mente y de convencerla de hacer cosas nuevas e inusuales?
-Todo lo que es nuevo la excitará. Ella me dará el control total y me rogará que la tome donde y como quiera. Estoy seguro de que te das cuenta de los beneficios.
Sí, era difícil no darse cuenta. ¿Sería posible estar tan excitada como para llegar a implorar de tal manera? Una imagen mental de Joe atándola, y metiéndole mano, mientras ella se contorsionaba bajo su tacto inundó su cabeza. Una explosión de calor ardió en su vientre. Y creció. Dios sabía que las agresivas caricias de antes la habían llenado de deseo tan rápido que casi se había mareado. Y aquel beso arrebatador había hecho desaparecer todos sus miedos y vacilaciones, a la multitud que la rodeaba y al acosador.
No dudaba que él pudiera hacer que una mujer suplicara cualquier cosa, lo que fuera. Si no era precavida, si no guardaba las distancias, se convertiría con rapidez en otra muesca en el poste de su cama. Peor aún, él podría explorar su psique y dejar al descubierto todas las fantasías ocultas que mantenía guardadas en el fondo de su mente.
Era el momento de cambiar de tema.

-Gracias por sacarme de Lafayette. Habría corrido llena de pánico, sin ton ni son, cuando las
balas comenzaron a volar. Yo sola jamás hubiera podido disfrazarme y despistarle.
-Ese es mi trabajo, ____.
-No tenías por que hacerlo. -Luego, acordándose de la manera en que sus manos le habían
recorrido el cuerpo de arriba abajo en el dormitorio de Alyssa, le dirigió una mirada suspicaz-.
De hecho, creo que hiciste más de lo que el trabajo requería.
-Piensa lo que quieras. -La sonrisa de Joe le dijo a ____ que esa afirmación le divertía.
-Es lo que suelo hacer. -Ella rechinó los dientes, deseando saber cómo podría borrar esa
sonrisa de su cara-. ¿A dónde vamos?
-A un lugar. Es seguro. Puedes esconderte allí hasta que se nos ocurra algo.
Pensar en estar cerca de Joe, aunque sólo fuera por unos días, la ponía nerviosa.
-Tal vez debería alquilar un coche y regresar a Houston. Ya me he impuesto dem...
-Lo descubrirá y te perseguirá, ____. Ese tío no es estúpido. Es un psicópata pero no es
tonto. ¿Quieres estar a salvo o muerta? Además, será una buena oportunidad para que aprendas más
sobre Dominación y Sumisión. Puedo asegurarte de que parecerás una experta en tu programa.
-Creo que ya sé suficiente.
-Cher, apenas has arañado la superficie.
-No necesito que me andes toqueteando.
La sonrisa de Joe podría derretir la mantequilla.
-Puedes pensar que no lo necesitas, pero yo sé la verdad. Lo necesitas más de lo que crees.

____ se quedó boquiabierta.
-No eres más que un bastardo arrogante.
-Tú eres una sumisa, y yo un arrogante. ¿Ves cómo ya nos vamos conociendo?
La burla la hizo hervir de furia.
-¡Yo no soy... eso! Llévame de vuelta a Lafayette.
Él le dirigió una mirada divertida.
-¿Al coche de tu amigo, donde es probable que tu acosador te apunte con su precioso rifle
mientras nosotros hablamos?
Ella se mordió los labios. Maldita sea, ¿por qué tenía que tener razón?
-O tal vez debería dejarte en la comisaría de policía -continuó burlándose-, siempre son
una ayuda inestimable en casos de acosadores.
Apretando los puños, ____ no dijo nada; sabía que él tenía razón.
-O quizá podrías coger un avión de regreso a Los Angeles, ¿cuánto tiempo crees que pasará
antes de que tu acosador pare de hacerte fotos y vuelva a dispararte a la cabeza? ¿Tienes ganas de
morir?
-No. -La voz de ____ vibró por la cólera que atravesaba su cuerpo-. ¿Por qué no cierras el
pico?
Joe sólo sonrió.
-No eres demasiado lista si prefieres enfrentarte a un asesino que a tu propia sexualidad, ____.
Te haré la misma pregunta que te hice antes de que el psicópata empezara a disparar. ¿Qué es lo
que te da miedo?
-No quiero hablar de eso.
Él se encogió de hombros, como si su respuesta le diera lo mismo.
-Genial. Es tu vida. ¿Te llevo de regreso a Lafayette o prefieres permanecer a salvo conmigo?

Dios, quería hacerle algo a ese bastardo. Escupirle en la cara y cortarle las pelotas, exigirle que
la llevara de vuelta al coche de Brandon para poder regresar a Houston, lejos de sus palabras
desafiantes y sus caricias perturbadoras.
Solo que una vez más, maldita sea, él estaba en lo cierto. Volver a ponerse en el camino del
asesino porque Joe era capaz de excitar sus fantasías sexuales era una estupidez. No conocía
ningún lugar seguro al que ir, y a pesar de la sugerencia de Brandon, no iba a llamar al senador
Ross. Él no movería ni un solo dedo para ayudarla.
-Iré contigo -dijo ella volviendo a rechinar los dientes.
-Buena chica. Tenemos unas horas de viaje por delante y se hace tarde. Intenta dormir un poco.
____ no estaba segura de poder hacerlo. Se sentía vulnerable con un hombre como Joe, en especial
mientras tenía a un acosador pisándole los talones.
-Estoy bien.
-No ha sido una sugerencia. No nos sigue nadie. La carretera está desierta. -Señaló los
campos abiertos y la carretera que se extendía ante ellos, completamente iluminada por los focos
delanteros-. Estás a salvo, cher, y podrías necesitar las fuerzas más tarde en caso de que no
hayamos despistado a tu acosador definitivamente.
Ella suspiró, luego le dirigió una mirada reacia. Una vez más, él tenía razón.
____ cruzó los brazos sobre el pecho y se giró hacia la ventanilla. Pero muy pronto, el rítmico
traqueteo del coche la adormeció. Cerró los ojos y se quedó dormida.

Dos horas más tarde, Joe detuvo la camioneta en la orilla del agua, delante del bote que estaba en
el mismo sitio donde lo había dejado. Después de subir a bordo con una adormilada ____, navegaron
río abajo un buen rato. Joe utilizó una pértiga para abrirse paso por el pantano mientras ___
disfrutaba de un sueño ligero, temblando bajo el aire frío de febrero. Él intentó protegerla del
viento con su cuerpo. Ella se acurrucó de manera inconsciente contra él cuando la rodeó con un
brazo.
Lo que lo puso tan duro que dolía.
Alcanzaron su destino poco antes de las diez. Sosteniendo con firmeza a ___ entre sus brazos, Joe no
la despertó para llevarla a una cabaña en penumbra.
Había esperado hablar poco en Lafayette, seducirla rápidamente y llevarla a una habitación de
hotel donde consumar su venganza. Pero tenerla allí, en sus dominios, era mejor y peor al mismo
tiempo. El acosador le había ayudado a manipular a ____ para poder llevarla justo donde quería,
algo que jamás había soñado. Tenía a ____ para él solo, en su territorio, donde podría
dedicarse horas enteras a seducirla y consumar así su venganza. Sí, su dulce venganza.
Pero Joe no podía negar que el pirado que la acechaba le preocupaba. Al menos allí, podría
protegerla del psicópata que había decidido que si él no podía tener a ___, nadie más iba a
hacerlo. La protegería; se lo debía.

En particular cuando estaba claro que ____ no podía valerse por sí misma y que ya había llegado
al límite de sus fuerzas.
Además, a un nivel físico, ella confiaba en él. Esa confianza lo afectaba, lo endurecía y al
mismo tiempo lo llenaba de ternura. ¿Por qué negarlo? Ella le gustaba, incluso a pesar de lo que
odiaba a su novio. Era al mismo tiempo valiente y vulnerable, perspicaz e inocente. Y por alguna
condenada razón, tenía la impresión de haberla visto antes en alguna otra parte...
Cambiando a ____ de posición en sus brazos, Joe metió la llave en la cerradura y abrió la puerta.
Dentro de la cabaña, las líneas puras y los suelos de madera le recordaban su niñez, los días de
pesca con su grand-père, Brice. Ese lugar siempre le traía buenos recuerdos, si bien las antiguas
leyendas familiares que le contaba su abuelo lo hacían reír.
-Ah, así que lo has hecho.
Joe se puso tenso... hasta que reconoció la voz
-Maldición, viejo. ¿Intentas matarme de un susto para poder recuperar tu coto privado de pesca?
Brice agitó la mano con desdén.
-Ya te gustaría a ti. No volvería a este lugar ni por todo el oro del mundo. Está lleno de
ratas.
Joe sabía que no era cierto, pero Brice era demasiado mayor para vivir allí, estaba demasiado
lejos de cualquier hospital.
-Tienes provisiones y cámaras de seguridad. Todo está en perfecto estado y el generador está
encendido. Úsalo con moderación.
-Gracias. Sabía que podía contar contigo.
-¿Es ésta la chica a la que intentan matar?

-Brice señaló a ____, que Joe aún sostenía en brazos.
-Sí.
Entrecerrando los ojos, Brice se acercó y la observó con atención.
-¿Estás seguro de que no la has traído aquí para acostarte con ella? Es una jolie fille, pero
viste como una fulana, ¿lo es?
-Es un disfraz, grand-père.
Brice frunció el ceño y meneó la cabeza; una silenciosa desaprobación oscurecía sus fuertes
rasgos. Sonriendo, Joe pasó junto a su abuelo y se dirigió al único dormitorio de la cabaña.
Dejó a ____ en la cama, y se inclinó para quitarle las botas negras. Si su abuelo no hubiera
estado observando, le habría quitado el resto de la ropa por el mero placer de mirarla..., pero
Brice no lo aprobaría y ver algo tan atractivo podría provocar que le diera un ataque a ese viejo
corazón de ochenta y dos años.
-¿Todavía tienes esos sueños? -le preguntó su abuelo de repente.
Joe puso los ojos en blanco, lamentando el día que se lo había contado.
-No significan nada.
-Jovencito, te has criado en el bayou, a pesar del ejército y de esa enorme ciudad en la que
vives. Y una maldición es una maldición. Si sueñas a menudo con una pelirroja, es que vas a
conocerla y que va a convertirse en la mujer de tu vida.
«Ya estamos de nuevo con esas tonterías», pensó Joe con un suspiro. Si Brice quería usar la
leyenda para justificar que se había casado con una chica sesenta años antes, que lo hiciera.

Pero Joe se negaba a creer que la chica sin rostro que se le aparecía en sueños con el pelo rojizo
brillando sobre los hombros desnudos bajo la luz del amanecer estaba destinada a ser su único y
verdadero amor. Eso no iba a ocurrir. Esa pelirroja era sencillamente una fantasía que su mente
había conjurado.
-Bueno, como no he conocido a ninguna pelirroja últimamente, no hay nada que discutir. Los
sueños, sólo son sueños. 
-Puedes engañarte, jovencito. Pero ella aparecerá. Y no tardará mucho. ¿No me dijiste que
llevabas cinco meses soñando con eso?
«En realidad son seis». Joe se encogió de hombros.
-Ella te convencerá -afirmó Brice.
-Lo que tú digas, grand-père.
El anciano gruñó. Sabía que Joe renegaba de la famosa leyenda familiar que él tanto amaba. Para
él los sueños sólo eran una coincidencia, resultado de la soledad y de que llevaba mucho tiempo
sin tener una relación seria. No había manera de que entrara en razón.
-Bueno, este anciano va a llevar su viejo cuerpo a casa y a meterlo en la cama. ¿Necesitas algo
más, jovencito?
-Así estaremos bien.
-Cuida a tu jolie fille.
Joe suspiró.
-No es mi chica.
Y por alguna maldita razón, le molestó decir eso. Probablemente porque ella estaba loca por un
gilipollas como Brandon Ross.
Con una risa cascada por la edad y la diversión, Brice se marchó. Joe oyó que la puerta se
cerraba y volvió al dormitorio.

Encendió la lámpara de queroseno de la habitación, y una luz tenue iluminó a ____. Parecía
incómoda, la observó removerse y murmurar en sueños.
Le quitó los llamativos pendientes que no había visto antes y los dejó en la mesilla. El top
púrpura, que no era del estilo de ____, tendría que seguir donde estaba por el momento. Si se lo
quitaba, lo más probable era que la despertara. Encogiéndose de hombros se dio cuenta de que sólo
podía hacer una cosa más para que estuviera más cómoda.
Con gentileza, Joe agarró la peluca rubia por la nuca y le quitó las horquillas una a una. Ella
suspiró en sueños, agradecida, cuando él le retiró la peluca y la dejó en la mesilla al lado de
los pendientes.
Al volver a mirarla, Joe frunció el ceño y levantó la lámpara para ver mejor a ____.
No podía ser. No era posible.
Pero bajo la brillante luz dorada, no había lugar a la duda: el tenue resplandor revelaba un
brillante pelo rojizo.

 

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Joe, creo ke has encontrado a tu gran amor :$

& vos Brice, sos un IDOLO, no se porke pero siempre ame el carisma de este personaje je:$ & la arrogancia de Joseph me mata:P jajajaja(?

Dominada por el Deseo; Capitulo O3

En lugar de mirarla, observó con el ceño fruncido los rellenos de gel del sujetador. ¿Era eso la versión moderna del sujetador relleno con algodón?
Cuando ____ hizo una mueca, Alyssa se rió.
-Haz lo que quieras. Es la manera más rápida de conseguir un buen par de tetas. Con la ropa puesta, nadie nota la diferencia.
Soltando el aire que contenía, ____ se dio cuenta de que era cierto. No iba a disculparse por no tener una copa D.
____ comenzó a ponerse el sujetador totalmente consciente de que Alyssa observaba cada movimiento. Resultaba muy incómodo. Mataría por tener la misma naturalidad que Alyssa con la desnudez, pero no la habían educado de esa manera. Había cumplido los veintiuno cuando reunió el valor de masturbarse. Después de todo, su madre la había enviado a una exclusiva escuela para chicas y había sabido poco de sexo antes de cumplir los dieciocho. Hasta que fue a la universidad, ____ no había conocido la diferencia entre cutículas y clítoris.
Apartando esos pensamientos, ____ se abrochó el sujetador y metió los pechos en las copas. El sujetador era muy escotado y con unos tirantes muy estrechos. La tela de encaje negro apenas le cubría los pezones. Los rellenos de gel le elevaban los montículos de los senos y los exhibían con descaro. Incluso tenía escote.
Alyssa soltó un silbido y le dirigió una mirada descarada.
-Voy a darte un consejo: no le enseñes las tetas a Joe a menos que quieras volverlo loco de lujuria.
La rubia se dio la vuelta y se dirigió de nuevo al cuarto de baño. ____ clavó los ojos en la espalda delgada de la mujer y en los sedosos mechones que le caían sobre los hombros.
Alyssa era más atractiva que cualquier chica de póster. Aunque aparentaba más de treinta años, tenía una pinta estupenda. ____ sabía con seguridad, basándose en la exhaustiva investigación de Reggie, que Joe no era gay. Teniendo en cuenta todo eso, era lógico pensar que Alyssa y él estuvieran enrollados. Pero por el consejo que le había dado la mujer, suponía que no le importaría que ella sedujera a Joe.
Por Dios, había abandonado Los Angeles, donde siempre había pensado que la vida era demasiado surrealista, y había aterrizado en el país cajún, un lugar que empezaba a parecerle la versión sureña de Oz.
-No pienso enseñarle a Joe mis pechos -dijo ajustándose el sujetador, deseando que la cubriera un poco más.
-Puede que no, pero te apuesto lo que quieras a que los verá.
____ frunció el ceño.
-¿En qué te basas? Estaba entrevistando a Joe para mi programa. Y después, cuando comenzó el tiroteo, él se ofreció para protegerme...
-Y lo hará. Es el mejor. Pero Joe Jonas es un hombre de pechos, y tú tienes un buen par.
Lo dijo como si estuviera hablando de algo tan cotidiano como el tiempo.
Alyssa se volvió y cogió un maletín de maquillaje del tocador. Dejando el maletín a un lado, estudió la cara de ____ con algo de impaciencia.
-¿Y eso no te molesta? -____ no pudo contener las palabras.
Desvió la mirada a la cama tan deshecha, que parecía haber sido utilizada para algo más que para dormir. ____ se preguntó si Jack había estado allí antes de conocerla... y por qué pensar en eso la molestaba.
-¿Qué Joe se acostara contigo? -Se encogió de hombros-. No es mío.
____ frunció el ceño. Todo eso era demasiado extraño.
-No va a ocurrir nada de eso. No tengo intención de enrollarme con Joe.
-El camino del infierno está lleno de buenas intenciones -le contestó Alyssa con una risa gutural.
Antes de que ____ pudiera deshacerse de la confusión que sentía y replicar, la rubia cambió de tema.
-Tenemos que maquillarte.
Alyssa levantó una delgada mano y le quitó a ____ el sombrero y la bufanda.
Un momento después, comenzó un frenesí cosmético. Cubrió el rostro de ____ con un maquillaje base. Continuó con el corrector; ____ esperaba que éste cubriera lo peor del daño causado por la falta de sueño. Después vino el colorete, seguido por el lápiz de labios rojo sirena que aplicó con pincel y el perfilador negro para los ojos. Luego aplicó con rapidez una sombra de ojos sobre los párpados cerrados y utilizó un rímel negro para las pestañas. Lápiz de cejas y rímel castaño ocultaron el hecho de que sus cejas no eran del mismo color claro de la otra mujer.
Cuando Alyssa se apartó y la condujo ante el espejo del cuarto de baño, ____ sólo reconoció sus ojos azules y el óvalo de su cara.
-Estás genial. De todas maneras, ahí fuera todos estarán demasiado borrachos para saber si eres tú o yo. Aunque por si acaso, la ropa que he escogido para ti garantizará que las miradas masculinas no suban de tus tetas.
____ quiso protestar. Tenía las palabras en la punta de la lengua, pero las contuvo. Si disfrazarse de stripper la mantenía con vida, bueno... sobreponerse a la vergüenza sería mucho más fácil que tener una bala entre las cejas.

-Haz lo que haga falta -suspiró ____.
-Vamos a recoger tu pelo para ponerte la peluca.
-Puedo hacerlo yo. -____ se llevó los dedos a la cabeza y se la frotó.
-Las pelucas son un engorro. Lamento que tengas que ponerte una, pero para hacerte pasar por mí,
tienes que ser rubia.
_____ se encogió de hombros. La incomodidad era poco sacrificio a cambio de permanecer viva.
-Y tenemos que asegurarla bien. Joe va a querer pasar revista antes de que salgas. No te dejará
poner un pie fuera hasta que esté convencido de que puedes pasar la prueba. Se toma muy en serio la
tarea de proteger a sus clientes.
La idea de que Joe le pasara revista le provocó un vuelco en el estómago. Joe era muy atractivo, y
que fuera un dominador sólo hacía que ____ se sintiera más intrigada, a pesar de sus reticencias
y miedos.
Asegurando la peluca rubia en su lugar, ____ dejó de pensar en ello. Estaba muy cansada. Además
estaba estresada. No iba a hacer el amor con Joe, así que las preferencias sexuales de ese hombre
le traían sin cuidado.
Alguien golpeó la puerta. A ____ se le disparó el corazón. ¿Habría logrado el tirador seguirla
hasta allí? Dirigió la mirada a la ventana, esperando que sirviera como vía de escape.
La puerta se abrió y entró Joe con unos vaqueros rotos y descoloridos, una camiseta, una gorra de
béisbol y un bigote falso. Todos esos cambios en su apariencia lo hacían parecer considerablemente
diferente.

Pero aun así, no le pasó desapercibido su expresión de enfado.
-Maldición, ¿qué estan haciendo aquí dentro? ¿Una fiesta de pijamas?
-No te pases, Joe. Me he dado toda la prisa que podía -dijo Alyssa con una sonrisa, luego lo
besó en la mejilla-. Buena suerte -le dijo a ____.
Luego se marchó, dejándolos solos.
La mirada de Joe atravesó la habitación y se clavó en ella. Esos ojos oscuros la abrasaron, y una
lenta y pecaminosa sonrisa apareció en la boca masculina. Esa mirada hizo que se le retorciera el
estómago. Rápidamente, ____ se dio cuenta de que no llevaba puesto más que un tanga y un
sugerente sujetador, y echó un vistazo alrededor buscando cualquier cosa que pudiera cubrirla.
Atravesó la estancia a toda velocidad para coger una de las sábanas blancas de seda de la cama.
Joe se la arrebató de las manos.
-No es el momento de ser modesta, cher -le susurró al oído; su voz tenía un inconfundible
acento cajún.
El cuerpo de Joe impactó contra su trasero, sus piernas se pegaron a las de ella, el ancho pecho le
rozó los hombros. El calor que él emitía le atravesó la piel y la excitó. A pesar de la cálida
sensación, los estremecimientos le recorrieron la piel y sintió que le bajaba un escalofrío por
la espalda. De manera inoportuna, se le irguieron los pezones.
____ tragó saliva. Puede que él fuera uno de los buenos, pero en ese momento, su postura era la de
un auténtico depredador.

-No necesito que estés aquí mientras me visto.
-Mais oui, para tu desgracia pienso supervisarte. No saldremos de aquí hasta que esté convencido
de que puedes pasar por Alyssa.
-Llevo vistiéndome sola desde los tres años. Creo que me las puedo arreglar perfectamente.
-Cierto, pero Alyssa va a ser nuestra tapadera. Vamos a pasearnos por ahí abajo como si
estuviéramos sedientos de sexo. La gente está acostumbrada a verme tocarla. Muy a menudo. Pero
tú...
La rodeó con una mano y le acarició la barriga con la palma.
Ella dio un brinco y se quedó sin aliento cuando su ancha mano se detuvo sobre su estómago
desnudo; el calor se concentró bajo su piel, insidioso e imparable.
-Saltas cuando te toco -le susurró al oído-. Si lo haces en público, toda esa gente sabrá
que no eres Alyssa.
Con cada palabra que decía, Joe la hacía ser más consciente de que él era un hombre -muy
hombre- y ella una mujer. Él tenía la clase de personalidad poderosa que la atraía. Sentía un
aleteo en el estómago cuando él hablaba. Se le hinchaban los pechos. Se sentía nerviosa e
insegura cuando él estaba demasiado cerca. ____ se tragó un nudo tan grande que pensó que se
ahogaría e intentó apartarse de él.
Joe no se movió... ni la soltó.
Rechinando los dientes, ella dijo:

-Debe de haber otra manera de salir de aquí que metiéndome mano.
-Yo no lo aseguraría. Si quieres salir de una pieza, cher, tu acosador no debe reconocerte con
este disfraz. Para ello tenemos que conseguir que parezca real.
La mano que estaba posada sobre su estómago comenzó a subir poco a poco.
____ sintió vértigo ante la intimidad de sus palabras. La tocaría en público, donde los vería
gente desconocida. Al instante, se le volvieron a hinchar los pechos. Y se le humedeció la
entrepierna.
«Era imposible». A ella no le iban las exhibiciones públicas. Y las demostraciones cavernícolas
de Joe no deberían excitarla. Tener fantasías era una cosa. Vivirlas era algo completamente
diferente. Era una estupidez acceder a eso, en especial con un desconocido.
Joe interrumpió sus pensamientos acunándole un pecho entre los dedos para continuar subiendo poco
a poco.
Hasta que ____ le sujeto la muñeca para detenerle.
-No creo que necesites tocarme con tanta intimidad para sacarme de aquí.
Él se detuvo.
-¿Menos de una hora conmigo y ya eres una autoridad en la materia?
-Esto no es un juego. ¡Es mi vida!
-Exacto -le gruñó al oído-. La gente, y no precisamente la de confianza, estará ahí
fuera. Me verán con una mujer que creerán que es Alyssa. Si contienes el aliento, y me apartas la
mano cada vez que te la ponga encima, sabrán que eres una impostora. Y si el acosador les ofrece
dinero para que le informen de cualquier mujer sospechosa, serás un blanco fácil

«Y uno fácil de matar». Joe no lo dijo, pero lo pensó. Igual que lo hizo ____.
-¿No podría salir de aquí disfrazada de vagabunda, de monja o algo por el estilo?
-Ese amiguito tuyo que va armado estará vigilando. ¿No crees que ver salir a una monja del club
despertaría sus sospechas?
Tenía razón, maldita sea. Tenía que relajarse. Si vestirse de stripper y dejar que un tío bueno
la acariciara unos minutos bastaba para mantenerla con vida, dejaría de lado la vergüenza y el
recato.
Sólo había un problema: no reaccionaba ante Joe como si fuera una farsa, sino de verdad. Su cuerpo
se excitaba simplemente con un susurro o una mirada suya. Pero aun así, la vergüenza que sentía
al responder ante él no era nada comparado con la muerte. Cuando saliera de ese lío, encontraría
un nuevo lugar donde esconderse, no tendría que volver a ver a Joe Jonas ni a preocuparse de que
supiera cómo excitarla.
Aspirando profundamente, le soltó la muñeca.
-Chica lista -la elogió.
_____ sintió la mirada de Joe cuando él movió la mano hasta cubrirle el pecho por completo. Ella
tragó. Dios, sentía el peso de su seno en la cálida mano. Siguió acariciándola mientras con el
aliento le abrasaba la nuca. La tensión se le anudó en el estómago... y más abajo. Los pezones
se le endurecieron hasta lo indecible bajo esa mirada ardiente. _____ cerró los ojos.
Luego él le rozó la tensa punta con el pulgar. Un placer electrizante le bajó por la espalda.

Incapaz de resistirse, se arqueó, presionando el pecho contra la mano.
-Buena chica -murmuró Joe en su oído, luego le rozó la sensible curva del cuello con los
labios.
El deseo pulsó en su interior, profundo y duro. El corazón le martilleaba y tuvo que apretar los
muslos.
La mano izquierda imitó a la derecha, tomando posesión del otro pecho entre los ardientes dedos.
Esta vez ____ no brincó, pero luchó contra la necesidad de retorcerse mientras el placer arrasaba
sus sentidos ante el doble asalto. Se mordió el labio para no gemir.
¿Por qué su cuerpo reaccionaba de esa manera ante un hombre que no conocía y cuyo estilo de vida
sexual ella no practicaba?
Todo eso dejó de tener importancia cuando él le pellizcó las duras puntas de los pezones,
haciéndolas rodar lentamente con erótica paciencia.
El deseo le aguijoneó el vientre, y descendió como una flecha hacia su entrepierna.
-Joe -protestó ella.
-Shhh, lo estás haciendo muy bien, cher. Con tal de que actúes como si esto fuera normal, las
cosas irán bien.
¿Bien? Si volvía a hacer eso otra vez, se derretiría sin remedio.
No lo hizo. Su mano derecha abandonó el pecho para deslizarse hacia abajo por el estómago de ____,
y siguió bajando, y bajando, hasta que los dedos de Joe se colaron bajo la tira húmeda del tanga
para encontrar el clítoris hinchado y hambriento. ____ se quedó sin aliento y apretó los muslos
contra él. Dios, él parecía tan excitado como ella. Eso era ridículo. No iba a tocarla así en
público.

-No hagas eso -la advirtió, sacando la mano-. Un cuerpo tenso y contenido te delatará.
Relájate.
-Esto no es necesario -le replicó con la voz ronca.
Él soltó un bufido cínico.
-Estás hablando como una chica que no tiene detrás de sí a un asesino. Nos ha seguido hasta
aquí. ¿O se te ha olvidado?
-No, y no soy una chica.
-¿Non? Entonces deja de comportarte como si lo fueras. Será un milagro si sales de aquí
intacta. Estoy tratando de salvarte la vida, no de arrebatarte la virtud.
-¿Y esta clase de comportamiento no llamaría la atención?
-Nueva Orleáns no es el único lugar donde se celebra el Mardi Gras. El sol ya está poniéndose,
y la fiesta está a punto de empezar. Fingir bien nos hará perdernos entre la gente, cher.
Era posible que él tuviera razón. Tenía que confiar en él. No tenía motivos para no hacerlo, y
la había mantenido con vida hasta entonces.
-Lo siento.
Sintió como asentía con la cabeza.
-Abre las piernas.
Oh, Dios Santo. ¿Para qué? ¿Qué pretendía hacer ahora?
____ se quedó paralizada ante la indecisión. Si con el roce de un dedo en el clítoris sentía
escalofríos por todo su cuerpo, ¿qué sentiría con toda la mano? ¿Se reiría de ella si tenía
un orgasmo? Tal y como estaban las cosas, estaba más cerca de lo que podía pensar...
-Si tengo que atarte para que te acostumbres a mis caricias, lo haré.

Ante ese gruñido de advertencia, sintió cómo la humedad manaba de ella, cubriendo su carne ya
hinchada. Oh, qué humillante. Si Joe supiera lo que había provocado esa amenaza... Se puso a
temblar.
Con una fuerza sorprendente, Joe metió un pie entre los pies desnudos de ____ y los separó.
-Pon las manos por encima de la cabeza.
-¿Qué?
____ intentó cerrar las piernas, pero Joe había metido el muslo entre ellas. Santo Dios,
¿sentiría él cómo sus jugos le empapaban los vaqueros a través del tanga? ¿Pensaría que era
débil o fácil?
-Es la última vez que te lo digo -la amenazó-. Apoya las manos en la pared o las cosas se
van a poner muy feas.
¿Muy feas? ¿A qué otra cosa podía estar refiriéndose aparte del sexo? Todo su cuerpo se
estremeció ante la idea.
-Veo que no me haces caso... supongo que quieres que te ate, ____.
-No. -Ella cedió y apoyó las manos en la pared por encima de la cabeza.
Pero sabía que le había mentido. En apariencia, la idea de ser su esclava sexual parecía
primitiva y machista. Era algo que la gente no consideraba propio de una vida sexual sana. Pero por
un instante, Joe la había obligado a enfrentarse a sus fantasías.
-Así está mejor, pero tienes que dejar de cuestionar todo lo que te digo. Si te digo que hagas
algo, lo haces. No es negociable.
Era algo que iba contra su independencia. Pero a la vez, hacía que el nudo de deseo en su vientre
se anudara más fuerte.

-Eres un arrogante.
-Y voy a seguir siéndolo. Será mejor que me hagas caso, pequeña, o tendrás que asumir las
consecuencias.
____ quería negarse, convencerlo de que su poder no la atraía. Pero sólo empezaría una pelea que
no tenían tiempo de terminar. Si quería salir de allí con el orgullo intacto, tenía que
convencerle de que estaba preparada para engañar a su acosador. Y para eso tenía que hacer creer a
toda esa gente de afuera de que estaba totalmente familiarizada y cómoda con las caricias de Joe.
-Ya tienes lo que querías. Tengo las manos en la pared. Sé que me vas a manosear en público. No
mostraré ni sorpresa ni incomodidad. ¿Acabamos ya con esto?
-No estás preparada.
-Lo estoy.
-Entonces, si hago esto...
Volvió a meter la mano en el tanga, le acarició el clítoris con los dedos antes de bajar hacia su
abertura e introducir dos dedos profundamente en ella. Bajó la mano izquierda por su estómago para
cubrirle el clítoris con ella.
Incapaz de evitarlo, ____ contuvo la respiración.
-Ves, no estás preparada -le dijo, y comenzó a acariciarle el clítoris, mientras los dedos
con los que la penetraba comenzaban a moverse hasta encontrar un nudo de nervios que ____ no sabía
que poseía. Joe frotó ese punto sin piedad, despacio, con golpecitos insistentes que enviaron una
oleada de estremecimientos por todo el cuerpo de ____.

Estaba a punto de tener un orgasmo, como un coche a toda velocidad a punto de caerse por el borde de
un precipicio. Su vagina se apretaba con un hambre voraz en torno a los dedos de Joe, su cuerpo
suplicaba la liberación. Joe la mordió en el cuello. Luego se apretó contra su espalda,
presionando una erección inequívocamente grande contra la hendidura de su culo.
Al menos no era la única excitada, pensó ____ mientras dejaba caer la cabeza, sobre el hombro de
Joe, comenzando a sudar cuando los dedos masculinos continuaron llenándola y jugueteando con su
clítoris. Su pecho subía y bajaba con cada respiración. Eso era un delirio. ¡Una locura! Ese
placer acabaría por matarla. ¿Cuándo se había excitado ella tanto y con tal rapidez?
Las sensaciones siguieron creciendo, hasta que sintió que el placer la ahogaba, casi al borde del
estallido.
Luego Joe la privó de sus caricias, sacando las manos del tanga y poniéndoselas sobre las caderas.
-Nada de correrte, al menos hasta que yo lo diga.
Antes de que pudiera evitarlo, ____ soltó un gemido.
Joe la besó en el cuello otra vez, la rozó con los labios, la mordisqueó.
-Ya me lo agradecerás más tarde.
____ no podía imaginar por qué decía eso. Sentía los nervios a flor de piel. La había
estimulado tan a fondo que estaba tensa y su mente parecía un torbellino. Si la tocaba en público,
lo más probable era que llegara de golpe al clímax con tanta intensidad que perdería el
conocimiento.

Le deslizó las manos por el vientre otra vez, hasta sus pechos. Los acarició, rodeando los pezones
doloridos con la yema de los dedos. Ella se arqueó contra sus manos, apretando al mismo tiempo el
trasero contra la impresionante erección que tenía a sus espaldas, mientras se mordía los labios
para contener un gemido.
Él se apartó con una risa.
-Buen intento.
-Joe. -Ella no quería suplicar. De verdad. Pero, ¿cómo se suponía que iba a poder contenerse
ante ese hombre cuando todo su cuerpo le dolía de necesidad?
-¿Vas a cuestionarme de nuevo?
El tono de su voz le decía que ésa era una idea muy mala. Pero dejarla en ese estado tampoco era
justo. Aun así, una mirada por encima del hombro a la cara de pocos amigos de Joe detuvo la
súplica que tenía en la punta de la lengua.
-No.
-Y si yo... -él introdujo la mano en el tanga otra vez y le frotó el clítoris con un dedo-
hiciese esto...
El placer se disparó a través de ella una vez más, rápido y voraz. ____ gimió y empujó las
caderas hacia atrás hasta apretarse contra él. Estaba tan cerca...
De nuevo, él se retiró.
-Excelente. Ahora no darás un brinco cuando te toque.
-¿Vas a dejarme así?
-¿Estás invitándome a hacer algo al respecto más tarde? -El murmullo ronco de la voz de Joe
le retumbó en el oído.
A Joe le gustaba atar a las mujeres y poseerlas en cuerpo y alma. El pensamiento le inundó la
mente. ¿Qué diablos había hecho?

Permitirle hacer cualquier cosa, todo lo que quisiera...
-Ni en sueños. -Ella se puso rígida e intentó apartarse de él.
-Es una pena. Me encantan las nenas como tú, tan estiradas por fuera y tan cremosas por dentro.
Sólo con pensar en oírte gritar mi nombre mientras te poseo me pongo a cien.
Oh, por Dios. También ella.
-Sólo eres mi entrevistado. Eso es todo.
-¿Te mojas así por todos tus entrevistados? -se burló él.
-Vete al infierno.
Con una risita ahogada, él le palmeó el trasero desnudo con la ancha palma de su mano.
-Vístete.
____ pasó a su lado y él le dio otro cachete, que ella sintió como si fuera fuego puro. Se tuvo
que morder los labios para no gemir.
«Sólo tengo que vestirme de una vez y salir de aquí».
Mientras Joe esperaba, ____ se puso una indecente falda de cuero color púrpura muy apretada.
Después se puso un ceñido top de cuero que resaltaba su pequeña cintura y le elevaba los senos.
Durante todo el rato, sintió la penetrante mirada de Joe en la espalda, y cómo, la lujuria que él
había provocado, le hacía arder.
Al fin, se calzó las altas botas negras de tacón. Sorprendentemente, eran muy cómodas.
-Salgamos de una vez -le espetó.
Él la miró.
-¿Estás preparada para lo que ocurrirá cuando atravesemos esa puerta?
-Nos arrestarían si hiciéramos más de lo que ya hemos hecho, así que por ahora creo que he
pasado lo peor.
Joe la guió a la puerta con una sonrisa arrogante.
-¿De verdad crees eso?


Joe bajó las escaleras con ____ de la mano. Apenas pudo evitar usar la otra para acomodar la dura
longitud de su miembro en los vaqueros. Caramba, esa mujer iba a conseguir que le estallara la
cremallera.
Tras el episodio en el dormitorio de Alyssa, sabía varias cosas innegables sobre ___ O'Malley: Uno,
tenía un cuerpo increíble. Lo que veía, sentía y olía cuando la tenía cerca lo afectaba a un
nivel primitivo que lo instaba a minar su resistencia hasta que se rindiera por completo a él. Dos,
era increíblemente caliente. Tenía los pechos erguidos y los pezones sensibles, una boca plena y
una inesperada veta de independencia que le decía que sería todo un reto y un triunfo para el
hombre que pudiera dominarla. Tres, le gustaba someterse..., pero no quería admitirlo. Sus húmedas
reacciones, casi orgásmicas ante sus pequeñas -de acuerdo, no tan pequeñas- demandas para
acostumbrarla a sus caricias, habían sido delatoras. Cada vez que la había amenazado con atarla,
ella se había mojado aún más. Joe había necesitado un sorprendente autocontrol para evitar que
llegara al clímax y para no zambullirse profundamente en su sexo mientras lo alcanzaba.
Sabía algo más sobre ___: no se dejaba llevar por el pánico ni se rendía ante el peligro. Estaba
asustada, cierto. Sólo una idiota no lo estaría si la persiguiera un francotirador para matarla.

Pero ___ había actuado con lógica, a pesar de que al principio se había mostrado en desacuerdo
con él y había rechazado sus primeras ofertas de ayuda. Todo eso decía mucho de ella... y de
cómo tenía que tratarla. Con paciencia, persistencia, y una combinación de ternura y exigencia.
Por último, si ____ era la novia de Brandon Ross, debía de estar aburrida y muy tensa. Brandon
habría pasado por alto todas esas necesidades que no comprendía y que no podía satisfacer. Joe
apostaría lo que fuera a que ella estaba llena de fantasías secretas. Satisfacerla plenamente
requería a alguien con más pelotas, ternura y autocontrol de los que Brandon poseía. Casi sintió
lástima por ____. De hecho, puede que a largo plazo le estuviera haciendo un favor...
Pero la piedad no iba a impedir que se vengara del gilipollas que le había jodido la vida.
Antes, sin embargo, tenía que sacar a _____ viva del club.
Cuando llegaron a la puerta trasera del oscuro club de striptease, la guió a través de una cortina
entre bastidores. Bruscamente se detuvo la música y comenzó un batir de palmas. Una morena delgada
con enormes pechos de silicona contoneaba las caderas ante una multitud de hombres que le metían
dinero en un minúsculo tanga. ____ la miró fijamente, claramente incómoda ante la desnudez de la
chica y el manoseo de los desconocidos.

Perfecto. A pesar de que él había ido a docenas de lugares como ése, quería a una mujer, ansiosa
y dispuesta sólo para él. Apartando la mirada de la stripper, Joe escudriñó la multitud.
Conocía el estado de ánimo de la clientela; esos juerguistas borrachos sólo buscaban una
diversión placentera. Al otro lado de la habitación llena de humo, había un tipo con vaqueros y
un suéter negro que miraba a su alrededor en vez de a la chica morena que acababa de darse la
vuelta para ofrecer a la audiencia un inmejorable vista de su trasero. A unos metros de él, había
otro tipo trajeado oculto en una esquina, con el ceño fruncido y la mirada vigilante. Había algo
que no cuadraba. El bulto de la chaqueta sugería que ese tío llevaba encima una pistolera con un
arma.
Uno de esos hombres -o ninguno- podía ser el tirador de ___. Pero Jack sabía que no podía
permitirse el lujo de correr riesgos.
Con aire despreocupado se detuvo en medio de la multitud, se volvió hacia ____ y la atrajo hacia
él para abrazarla y besarla en el cuello. Ella se puso tensa.
-Cher-le dijo.
Para los que estaban cerca sólo era una palabra cariñosa. El asentimiento de cabeza de ___ le
confirmó que ella lo había tomado como la advertencia que era en realidad. Ella se esforzó en
relajar los hombros. -Acabo de ver a un par de hombres sospechosos -le susurró contra la suave
piel del cuello-. ¿Ves a alguien que te parezca familiar?

Ella vaciló, y Joe aprovechó la distracción y aspiró el dulce aroma a frambuesa de ____, rozando
los labios contra esa piel suave como el pecado.
-No puedo pensar si me haces eso -contestó ____ con voz ronca.
Joe le deslizó una mano por la espalda hasta la curva de las caderas, más porque le apetecía que
porque fuera necesario. Pero ese gesto contribuía a crear la imagen de que eran unos amantes que no
podían quitarse las manos de encima.
-Puedes y lo harás.
____ maldijo entre dientes y Joe sonrió. Si la maldición no le hubiera revelado cuánto la
afectaba, el pulso acelerado de su carótida sí lo habría hecho. A la parte más calculadora de
Joe le gustaba saber que la alteraba de esa manera. Era muy sexy. Oh, no se había olvidado de que
era probable que el tirador estuviera por allí cerca, pero no creía que ese imbécil se atreviera
a dispararles con tantos testigos presentes. Y ese estúpido psicópata no tenía razón alguna para
no creer que ____ era Alyssa.
-No los veo. Hay mucho humo y soy demasiado baja.
Las dos cosas eran ciertas. ¡Maldita sea!
Rodeándola con los brazos, Joe la sostuvo contra su pecho. La cabeza de ____ apenas le llegaba al
hombro, recordándole lo menuda que era. Con tanta personalidad, el tamaño era algo fácil de
olvidar. Visto lo visto, ella había demostrado mucha de esa personalidad últimamente. A Joe podía
no gustarle, pero admiraba su valor para sobreponerse a las circunstancias y su coraje para luchar.

-Salgamos de aquí, no vaya a ser que uno de ellos sea tu pesadilla.
____ asintió con la cabeza, pero él sintió su estremecimiento. Joe se detuvo para mirarla a la
cara. Bajo el espeso maquillaje, los ojos azules reflejaban la certeza de que iban a por ella. Pero
el gesto de esa boca exuberante mostraba tanto miedo como determinación. No se daba por vencida.
Ni tampoco él.
-No dejaré que te ocurra nada -la tranquilizó-. Dame la mano. Sonríe. Así. Ahora, sigúeme
hacia la puerta.
Lentamente, Joe se abrió paso entre la multitud, manteniéndose lo más cerca posible de la pared.
Se detuvo para devolver un saludo y recibió alguna palmadita en la espalda de un par de tipos a los
que había sacado de un apuro y que opinaban que tirarse a Alyssa debía de ser como estar en el
paraíso.
Uno de los hombres sospechosos les prestó atención mientras se acercaban a la puerta. El tío
trajeado miraba fijamente a ____. Jack observó cómo la estudiaba, entrecerrando los ojos. Correr
sólo alertaría a ese gilipollas si es que era en realidad el acosador de ___.
Así que Joe hizo girar a ____ y la atrajo hacia él para abrazarla. Ella agrandó los ojos cuando
le sostuvo la cara entre las manos y le cubrió la boca con la suya.
De inmediato se sintió embriagado por su suavidad. Tras una protesta ahogada, Joe percibió que
____ se obligaba a relajarse. Que se sometía. Abrió poco a poco los labios para él, con una
tímida vacilación que hizo que él ardiera de deseo.

Una deliciosa incertidumbre aderezaba el beso, poniéndole tan duro como una lanza. Pero no era
suficiente... ni para convencer al asesino que la perseguía ni para apaciguar el hambre que rugía
como una violenta tormenta en sus entrañas.
Joe no pudo contenerse más.
En su garganta resonó un gruñido cuando profundizó el beso y la urgió a abrir más esos suaves
labios. Entró en su boca con un envite arrasador. Y gimió cuando esa calidez húmeda y dulce, que
sabía como la canela, estalló a través de sus sentidos. Y se mezcló con el sabor del miedo.
____ comenzó a devolverle el beso lentamente, rindiéndose y dejándose caer contra él suavemente.
Pronto, soltó un suave gemido y siguió el ritmo de Joe, buscándolo con la lengua cuando él se
retiraba. Clavó las manos en sus hombros y se aferró a él, inclinando la cabeza a un lado para
que sus bocas se acoplaran perfectamente. Manteniéndola presa entre sus brazos, Joe se hundió más
en ella. El sabor del miedo disminuyó. Ella se estremeció... pero ahora, esa reacción nada tenía
que ver con el temor.
___ contuvo el aliento... luego se rindió, entregándose por completo a él.
Conteniendo el placer ante tan lujuriosa respuesta, Joe se prometió a sí mismo que más tarde
tendría tiempo más que suficiente para acostarse con ella, para seducir a la novia de Brandon y
disfrutar de cada una de esas respuestas suaves y tímidas. Pero eso vendría después.

Finalizando el beso con un mordisco en el irresistible labio inferior de ___, Joe abrió los ojos a
tiempo de ver cómo el hombre trajeado hablaba con algunos clientes habituales. Joe se aseguró de
que ____ quedara oculta de la vista de esa gente. Esperaba que ninguno de ellos recordase que jamás
le habían visto besar a Alyssa de esa manera.
El hombre trajeado escuchó las respuestas y luego inclinó la cabeza dando las gracias. La
decepción le ensombreció la cara. El tío de los vaqueros y la camiseta había desaparecido.
-Creo que será mejor que nos vayamos -le murmuró Joe a ____-. Salgamos de aquí.
De nuevo, la tomó de la mano y la condujo hacia la puerta principal. La multitud de la calle los
tragó con rapidez, y Joe sonrió.
En cuanto pasara el peligro, en cuanto estuviera seguro de que ya estaban a salvo, podría
concentrase en ____... y pensar en todas las maneras deliciosas de conseguir que se rindiera.
Al cabo de unos minutos, Joe la condujo a su camioneta, estacionada en una oscura calle lateral.
____ vaciló. Brandon no se iba a alegrar de que dejara su coche atrás, pero ¿qué otras opciones
tenía? No podía discutir la lógica de Joe de que el acosador vigilaría el coche que había
seguido hasta allí
Después de que se subieran al vehículo, Joe se giró hacia el asiento del pasajero. Hubiera tenido
que ser ciega para no darse cuenta de que estaba mirando la piel expuesta de su muslo y el escote
del atuendo de cuero púrpura que Alyssa le había dejado.

Con toda esa piel expuesta, ___ deseaba tener una tienda de campaña a mano para ponérsela encima.
Otra parte de ella, sin embargo, disfrutaba de esa cálida mirada. La necesidad, que atravesó como
una flecha su dolorido clítoris, la impulsaba a subir un poco más la falda y alentar a Joe con una
mirada. Resistió esa peligrosa tentación.
El oscuro y familiar deseo colisionó en su interior con el estrés y la incertidumbre. ¿Cómo se
le había puesto la vida patas arriba con tanta rapidez? ¿Cómo había acabado a merced de un
desconocido que la hacía anhelar cosas que la avergonzaban tanto?
-No me mires -le espetó.
Joe apartó la mirada cuando así lo quiso.
-¿Por qué? Estás fabulosa.
-Parezco una fulana.
Rápido como un rayo, él se movió en el interior del vehículo e invadió el espacio de ____.
Olía a medianoche y a hombre. Era peligroso.
-Pareces ansiosa y dispuesta. Pero no pareces en venta.
-Es lo mismo.
-Non, no lo es.
Joe no añadió nada más durante largos momentos. Se acomodó en su asiento y puso la camioneta en
marcha, luego se incorporó a la vía de tres carriles, para dirigirse al atardecer. Luego fueron al
sureste, hacia el corazón del bayou.
Dirigiéndole otra ardiente mirada, Joe finalmente le explicó:
-Cuando una mujer vende su cuerpo, un hombre revisa su cartera antes de volver a mirarla. Si
estás ansiosa y dispuesta un hombre no tiene que pensar en nada más. Si estás ansiosa y dispuesta
sólo para él, haces que arda de pura necesidad.

 

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PERDON por la demora:(

____(tn) ____(tn) ____(tn) dejate llevaaaaaaaaaaar;

Dominada por el Deseo; Capitulo O2

Incorregible era una palabra que le describiría a la perfección. Un asomo de arrogancia unido a
una sana dosis de atracción sexual y humor juguetón. La mezcla resultaba demoledora, gracias a sus
habilidades en el flirteo y al encanto sureño. Sin duda, él tenía un efecto mortal en el sentido
común de cualquier mujer. ____ tragó.
El camarero se acercó a la mesa, y el Amo J pidió una taza de espeso café de achicoria típico de
Lousiana. Ella se estremeció cuando el camarero lo llevó unos momentos más tarde.
-Cuéntame más cosas sobre tu programa. -Las palabras deberían haber sido una invitación,
pero _____ oyó la sutil orden en su voz. No era ni dura ni directa. Pero la voz tenía un tono
acerado..., un tono que le contrajo el estómago... y le tensó el vientre.
-Provócame combina entrevistas y hechos que exploran varias facetas de la vida sexual en parejas
estables o no. La última temporada hice un programa sobre la etiqueta sexual en una primera cita,
otro sobre «amigos con derecho a roce», luego continué con algunos matrimonios que se hacían
tatuajes a juego. Ésta será la segunda temporada y estoy muy contenta de que el programa vuelva a
estar en pantalla. Dado que la cadena emite programas orientados a mujeres y parejas, creo que éste
será perfecto.
-Hum. Cuéntame qué tienes pensado para esta temporada.
De nuevo, ahí estaba esa orden sutil.
-Bueno, aún no tenemos una idea fija, pero ya hemos aprobado los siguientes temas: masajes,
fotografías para parejas, pintura erótica, y...
-Dominación y Sumisión.
____ tragó. Estaba tan entusiasmada con el programa, que casi se había olvidado de que iban a
hablar de ese tema. El tema que estimulaba sus más vergonzosas fantasías nocturnas.
-Sí.
Él arqueó una ceja oscura con impaciencia, consiguiendo parecer severo, disgustado y poco
amenazador al mismo tiempo.
____ se sintió desconcertada y lo miró fijamente. ¿Qué quería?
-Sí, señor -aventuró.
La sonrisa con que la recompensó fue deslumbrante.
-Muy bien.
-Pensé que este tipo de tratamientos eran únicamente para los...
-¿Sumisos? Así es habitualmente, pero contactaste conmigo para una lección rápida. Pensé que
ésta sería la mejor forma de empezar, un ejemplo práctico para ver cómo lo haces. -Él se
inclinó hacia delante y apoyó un codo en la mesa. Su mirada siguió clavada en la de ella,
derritiéndola de manera implacable-. ¿Entiendes lo que significa someterse a un hombre?
¿Rendirse por completo?
____ contuvo el aliento, aturdida por algo que se escapaba a su control. Los ojos del Amo J
brillaron con aprobación.
-Esto... no es sobre mí -repuso ella con voz jadeante-. Sólo necesito captar el concepto
para transmitirlo...
-¿Cómo vas a poder transmitirlo sin mantener una relación de ese tipo, chef? Probar no es malo.
-La sonrisa de él transmitía algo que sólo podía ser definido como pecado puro y duro-.
Incluso te podría gustar.
Eso era exactamente lo que ____ se temía.
Se esforzó por mantener una expresión profesional.
-No importa si lo pruebo o no. Después de todo, cuando hicimos el programa sobre las parejas que
se tatuaban, no me hice un tatuaje. Lo que me interesó fue comprender por qué era tan importante
para ellos.
-Pagar a alguien para que te haga un tatuaje mientras tu pareja mira es mucho menos personal que
dejar que te venden los ojos desnuda, y otorgar el control de tu placer a tu Amo.
Tragando saliva, ____ se dio cuenta de que él tenía razón. Peor aún, el bocado que le presentaba
comenzaba a parecer un banquete para su abandonada sexualidad.
No. Aunque esta vez era Adán quien le ofrecía a Eva la manzana de la tentación, ella era lo
suficientemente lista como para no aceptarla. Si le interesaba, era sólo porque le estaba embotando
la cabeza con esas sugerencias. Él era difícil de ignorar. Ella no era una depravada, no era el
tipo de mujer que permitiría que un matón la encadenara y le dijera lo que tenía que hacer. Lo
que pasaba era que la idea era nueva y ____ tenía un interés puramente intelectual en el concepto.
Bueno, más que intelectual. Pero eso no significaba que fuera a acceder
A pesar de que el Amo J parecía ser el hombre que había inventado el concepto de placer.
-¿Qué es lo que te da miedo? -preguntó él.
«Yo misma».
Ella apartó la vista de esa intensa mirada.
-Simplemente, no es lo mío.
Él frunció el ceño de nuevo. Su mirada mostraba una impaciente demanda.
-Señor -añadió ____ casi en contra de su voluntad.
Él suavizó la expresión.

-En los pocos minutos que llevo aquí sentado, te has sonrojado, se te ha acelerado el pulso, y se
te han puesto duros los pezones. Conozco el aroma del deseo. Puedo oler el tuyo. Voy a volver a
preguntártelo. ¿Qué es lo que te da miedo?
Sintió un impacto en el vientre. Oh, Dios... era como un libro abierto para él. Incluso más que
eso. ____ cerró los ojos, soltó un suspiro. Luego otro. Su mente trabajaba a toda velocidad.
-No te lo pienses demasiado -le advirtió-. Mentir implica un castigo.
-¿Un castigo? ¡No tienes derecho! -contestó en un acalorado susurro.
Él la miró fijamente durante un largo momento.
-Te dije ayer en el chat que una relación de este tipo requiere mucha confianza. Confié en que
eras quien decías ser. Para que confiaras en mí, permití que tu ayudante de producción
consiguiera una información muy personal sobre mí, ¿no? No pongas esa cara de asombro. Lo
descubrí en cuanto comenzó a indagar sobre mí. Si no hubiera dejado dicho en todos esos clubes
que podían dar esa información, nadie le habría dado a Reggie ni los buenos días, así que mucho
menos le hubieran contado detalles sobre mi vida sexual.
Él se movió en su asiento, rozando el muslo contra el de ella otra vez, luego le alzó la barbilla
con un dedo. ____ se derritió con una mezcla de sorpresa y deseo, excitada ante el abrumador
atractivo sexual del Amo J.

-Es cierto -susurró él-. Aposté por ti. Si trabajamos juntos, tienes que confiar en mí. No
voy a raptarte, ni a forzarte a hacer ninguna cosa melodramática que se te esté pasando por la
cabeza. Si quieres que te ayude a comprender la psicología de la Dominación y Sumisión, tienes
que tener la suficiente confianza para ser totalmente sincera conmigo. Y contigo misma. ¿Me
comprendes?
-Sí... sí, señor.
-Excelente. Ahora, por última vez, ¿por qué te asusta tanto la idea de someterte?
Era una pregunta cargada de implicaciones que ella no sabía cómo contestar. Era miedo al rechazo.
A que la ridiculizaran de nuevo. Era vergüenza. Miedo al dolor y a la degradación. Le asustaba que
le gustara ser dominada por alguien como él, y luego tener que asumir la vergüenza y la culpa.
Pero no podía admitir eso... ninguna de esas cosas. Sería como ofrecerle su alma en una bandeja de
plata.
-Por favor -susurró ____-. Por favor...
El Amo J apretó la mandíbula y entrecerró los ojos. Por alguna alocada razón, ____ odió
decepcionarle. No le debía nada, maldita sea. El era su entrevistado y sería recompensado por su
tiempo e información. Punto.
Como estaba concentrada en resistir hasta que el infierno se congelara, ____ tardó unos momentos en
darse cuenta de que el camarero había vuelto a rellenar el café del Amo J. Luego el joven la miró
con una sonrisa incierta.
-Un hombre me ha pagado veinte dólares para que le diera esto.

Le entregó un sobre aparentemente normal... con su nombre escrito con una caligrafía demasiado
familiar.
El camarero se marchó.
El corazón comenzó a palpitarle. Abrió el sobre lo más rápido que pudo para encontrar el
consabido puñado de pétalos rosas con los centros suaves y los bordes mustios. Le resbalaron de
los dedos, y se quedó sin aliento, sintiendo que la sangre le huía de la cara.
-No... -Miró a su alrededor con una expresión de pánico-. ¡No!
-¿____? -la interrogó el Amo J con la voz ronca de preocupación.
Ella lo miró con una mirada salvaje.
-Está aquí. Me ha seguido. Oh, Dios mío... tengo que irme. -Aspiró con temor y apretó los
puños para impedir que le temblaran las manos-. Tengo que irme ya.
El Amo J la sujetó por los hombros.
-¿Quién está aquí y dónde tienes que ir?
Sacudiendo los hombros para librarse de él, miró a su alrededor con frenesí, intentando reconocer
cualquier cara que le resultara familiar o peligrosa. La mayoría de las sillas de la plaza estaban
vacías, así como las del resto de las terrazas y las ventanas cercanas. Los oscuros escaparates de
las tiendas podían ocultar a cualquiera, pero todo el mundo a su alrededor parecía oriundo. Los
demás ocupantes de la cafetería ni la miraban ni les importaba. De nuevo él se había acercado
hasta ella, silencioso como el humo, invisible como el aire. El pánico la atravesó
-No puedo quedarme. Lo siento...
Él la sujetó de nuevo, decidido a que le contestara. Pero se quedó paralizado, con la mirada
clavada en un punto al otro lado de la calle.
____ sintió la energía que impulsaba al Amo J un segundo antes de que la empujase al suelo.
-¡Al suelo!
La empujó bajo la mesa y cubrió su cuerpo con el suyo un instante antes de que estallara un
disparo por encima de sus cabezas.

Joseph Jonas curvó protectoramente su cuerpo sobre la pequeña forma femenina de ____ y utilizó la
mesita de hierro para protegerla cuando sonó otro disparo. A su alrededor los clientes de la
cafetería comenzaron a gritar y a correr despavoridos. Maldijo entre dientes mientras ella se
estremecía violentamente bajo él.
¡Maldita sea! Tenía la venganza al alcance de su mano, y pasaba eso. No podría tirarse a la mujer
de su enemigo hasta hacerla gritar su nombre si ella moría.
La furia lo invadió, pero que alguien estuviera frustrando su venganza no era la única razón de
su ira. No, estaba absolutamente furioso de que algún gilipollas hubiera infundido tal pavor a esa
pequeña pero vibrante mujer.
No iba a negar que había engañado a ____ para utilizarla, pero no pensaba hacerle daño. Todo lo
contrario. Pensaba descubrir lo que la excitaba y así poder cumplir cada una de sus fantasías
hasta que todo el cuerpo de ____ vibrara de satisfacción.

Hasta que a ella ya no le interesara Brandon Ross y abandonara a ese hijo de perra.
Sin embargo, el estúpido que empuñaba el arma tenía otras intenciones, como meterle una bala en
la cabeza.
____ se volvió a estremecer. Contuvo un grito. Joe la estrechó con más fuerza, apretándola
contra la mesita de hierro. Salvarla era algo instintivo. El peligro era su trabajo. Una necesidad.
Brandon Ross le había traicionado tres años antes, y Joe pensaba devolverle la humillación. Pero
no estaba dispuesto a permitir que ____ muriese.
-Voy a ponerte a salvo -le susurró al oído.
El instinto le conminaba a sacar la pistola y devolver los disparos. Pero había demasiada gente
alrededor como para correr el riesgo. Y le daría a ____ un susto de muerte.
Y ella ya estaba muerta de miedo, maldita sea. ____ sonreía ante la cámara para ganarse la vida,
no esquivaba balas.
Cuando el camarero había llevado el sobre a la mesa y había observado cómo el color abandonaba la
cara de ____, dejándola pálida como la tiza cuando los mustios pétalos de color rosa habían
caído de sus manos, él había olido su miedo. Al captar el destello del sol en el cañón de un
arma en el tejado de enfrente, Joe no había dudado acerca de lo que iba a ocurrir.
Odiaba no haberse equivocado.

Mirando la silla que ____ había ocupado momentos antes, observó los agujeros que habían dejado
las implacables balas. Maldijo de nuevo.
Bajo él, ____ intentó incorporarse. Joe la detuvo.
-¡No te levantes!
-Tengo que irme. Huir, t-tengo que esconderme.
Una rápida mirada al tejado de enfrente le indicó que el tirador había desaparecido. O eso o
estaba buscando una ubicación mejor aprovechando el caos. Lo que los convertía en unos blancos
fáciles, por lo que debía sacar a ____ de esa área descubierta lo más rápido posible.
-Tengo que ponerte a salvo -insistió Joe, ayudando a ____ a ponerse en pie-. ¿Estás herida?
Ella se caló de nuevo el sombrero y se aseguró la bufanda que le cubría el pelo.
-No.
-¡Entonces corramos!
Cogió su helada mano en la suya, cubriéndola por completo. Maldición, era una mujer diminuta,
mucho más pequeña de lo que un poderoso nombre como ____ hacía suponer.
Corriendo tanto como se lo permitían las piernas, Joe arrastró a ____ tras de sí, parapetándose
detrás de las mesas que estaban patas arriba al oír más disparos. La condujo hacia la parte de
atrás de la cafetería, y la empujó para que doblara la esquina del edificio, urgiéndola sin
palabras a continuar. Ella lo hizo, mientras se agarraba firmemente el sombrero con la otra mano.
Joe miró con el ceño fruncido por encima del hombro de ____. No había manera de saber si el
tirador seguía entre la multitud, pero debía suponer que sí. Más valía prevenir que lamentar.

-¿Adonde vamos?
Joe no contestó; estaba demasiado ocupado improvisando un plan. En silencio, la condujo por las
calles, metiéndose en los callejones. Se oyeron más disparos. Una bala le silbó junto a la oreja,
y soltó una maldición. Si ese hijo de perra le tocaba un solo pelo a ____, Joe iba a matarlo con
sus propias manos.
Entraron en una tienda abarrotada, y casi chocaron contra una ancianita. Al echarse a un lado para
que la ceñuda abuelita y su andador pudieran pasar, perdieron unos preciosos segundos.
Tan pronto como tuvieron vía libre, Joe volvió a tomar la pequeña mano de ____ y tiró con fuerza
de ella, obligándola a correr de nuevo. Salieron por la parte trasera de la tienda a un callejón
oscuro y estrecho. Gracias a Dios conocía aquel lugar como la palma de su mano.
Oyeron de nuevo una serie de disparos, esta vez desde la parte delantera de la tienda por la que
habían salido.
¡Maldición!
-Tenemos que seguir, cher.
Jadeante y sudorosa, ella simplemente asintió con la cabeza y ajustó su paso al de él.
Al final del callejón, llegaron a una puerta metálica pintada de negro y con unas letras rojas
donde se podía leer Las Sirenas Sexys. Incluso con la puerta cerrada, se sentía la vibración de
la música y del gentío en su interior... a pesar de que sólo eran las tres y pico de la tarde.

Por experiencia, Joe sabía que la puerta estaría cerrada con llave.
Levantando un puño, golpeó la puerta con todas sus fuerzas, sin importarle hacer una abolladura.
Mientras esperaba, miró por encima del hombro para ver si los seguían.
Sonó un nuevo disparo, haciendo saltar esquirlas de los ladrillos a unos veinte centímetros del
hombro de ___.
Lanzando una rápida mirada al callejón, maldijo entre dientes. Estaba lleno de cubos de basura y
de suciedad, demasiados lugares para que se escondiera el tirador.
-¡Hijo de perra! -Golpeó ruidosamente la deteriorada superficie metálica otra vez-. Que
alguien abra esta maldita puerta.
Por fin, una rubia oxigenada, conocida de Joe, abrió la puerta.
-Joe. ¿Qué diablos te pasa?
Él empujó a ____ al interior, y la siguió a un almacén atestado de latas vacías de cerveza.
-Hay un tirador acechándonos. Necesito tu ayuda.
Había un caballito de madera y una fusta justo al lado de la entrada. Al parecer, Angelique acababa
de actuar.
Cerró la puerta de golpe y observó de nuevo el cuarto en penumbra iluminado por una única
bombilla roja y decorado con pintura negra descascarillada. Una delgada puerta separaba ese área
del escenario y de la retumbante música del club.
-¿Un tirador? Cielo Santo... ¿a quién has cabreado esta vez?
-Alyssa, ésta es ____ -gritó para hacerse oír por encima de la música-. Es presentadora de
un programa en la televisión por cable...
-¡Eres ____ O'Malley! ¡Me encanta Provócame!

____, que se había quitado las gafas de sol, extendió la mano hacia Alyssa. Hum, ojos azules y
enrojecidos, algunas pecas, piel blanca... no era el tipo de Brandon. Supuso que habría cambiado de
gustos.
Joe habló entre dientes.
-Entonces acierto al suponer que te encantará ayudarme a mantenerla con vida el tiempo suficiente
para que pueda hacer más programas. El tirador iba a por ella. -Joe se volvió hacia ____-.
____, ésta es Alyssa Devereaux, la dueña de Las Sirenas Sexys. El más famoso, o infame, según se
mire, club de caballeros del sur de Lousiana.
La pequeña mujer de Brandon le dirigió una débil sonrisa, intentando por todos los medios no
clavar los ojos en el espeso maquillaje de Alyssa, ni en la falda indecente, ni en las botas de
fulana. No había nada sutil en Alyssa. Aún se vestía como una stripper, aunque hacía años que
no bailaba en público. Era capaz de succionar la polla de un hombre como si intentara tragarse el
picaporte de una puerta. Tenía un vocabulario peor que el suyo. Pero también tenía un gran
corazón.
Alyssa haría uso de esa lengua viperina que tenía para arrancarle la piel de las pelotas si
supiera que ____ no era un cliente sino un medio para vengarse. Y si bien regentaba un local donde
las mujeres se quitaban la ropa para excitar a los hombres, no permitía que nadie se pasara de la
raya con las chicas que estaban bajo su techo. Joe planeaba pasarse de la raya en todos los
sentidos.

-¿Por qué te disparaban? -Le preguntó Alyssa a ____ con el ceño fruncido.
-Esa es una buena pregunta -contestó Joe, lanzando a ____ una mirada implacable, una de esas
miradas que esperaba que la persuadiera de decir la verdad. Aún no había tenido la oportunidad de
establecer su autoridad. Ella no tenía motivos para confiar en él. Maldita sea, unas horas más, y
habría conseguido llevársela a la cama, penetrar en su cuerpo, establecer su dominación. Había
estado seguro de que ella iba a aceptar su ayuda con el programa. Tal y como estaban las cosas, ya
no estaba seguro de nada.
No era así como había previsto la venganza.
-¿Joe? -Ella pronunció su nombre con inseguridad, con una voz temblorosa.
No le gustaba nada oír el miedo y la cautela en su voz. Prefería un «señor» avergonzado de esa
boca provocativa mientras se esforzaba en aparentar indiferencia.
Pero ya llegarían a eso, en cuanto hubiera solucionado toda esa mierda.
-____, ¿me vas a decir qué está pasando, cher?
Su piel todavía estaba pálida, especialmente por el contraste con el abrigo oscuro y el sombrero,
demasiado grandes para su pequeño cuerpo. Estaba muerta de miedo, pero aún así logró asentir con
la cabeza. Joe soltó un suspiro de alivio.
-Hace aproximadamente tres meses, alguien comenzó a enviarme cartas con fotos mías en diferentes
lugares, la mayoría de las veces en lugares públicos.

Resultaba extraño, pero no amenazador. Hace unas cinco semanas, comenzó a mandarme fotos del
interior de mi casa, tomadas a través de las ventanas. Incluso envió una que tomó desde el garaje
mientras yo salía con el coche. Te aseguro que está enfadado. No sé por qué. Me vine a Houston
para estar con un amigo y huir de él. -Suspiró profundamente y continuó-: Me siguió. No lo
supe hasta ayer cuando recibí esto.
____ se abrió la cremallera del abrigo lo justo para sacar un sobre doblado de un enorme bolso que
llevaba cruzado sobre el pecho. Se lo pasó a Joe con una mano temblorosa.
Con la tensión anudándole las entrañas, Joe lo abrió. Las fotos cayeron en sus manos. ____ en un
aeropuerto, vestida con unos vaqueros de talle bajo, una camiseta enorme y el pelo oculto bajo una
gorra de béisbol. Sólo reconoció su perfil, la terca barbilla, las pecas que le salpicaban la
nariz y que le hacían preguntarse hasta dónde se extenderían. Le hacían sentir el alocado
impulso de jugar a unirlas entre sí.
En la siguiente aparecía ella leyendo una revista sentada en el patio. La cara quedaba oculta por
la revista. El sólo veía sus manos, la portada de People y las delicadas pecas que le salpicaban
los brazos... y el nacimiento de los pechos, casi visibles bajo la delgada tela de un top blanco,
con unos pezones del color de las cerezas maduras que le hacían la boca agua.

Desde el mismo momento en que había oído los rumores de que era la novia de su antiguo camarada
Brandon, se había sentido intrigado. Hablar con ella en el chat sólo había incrementado ese
interés. La ____ de esas fotos, la Morgan de carne y hueso, hinchaba su miembro. No podía esperar
a tenerla atada en su cama rogándole que le permitiera correrse... cumpliendo así su venganza.
Pero había algo en ella. Algo que le resultaba sumamente familiar. Se sentía como si la conociera,
como si la hubiera visto antes y no sólo en las fotos que había en la web de su programa. ¿Se
habían encon¬trado en alguna ocasión? No, habría recordado a una mujer como ____. Había algo en
ella... Ya lo averiguaría.
Consumido por una creciente lujuria, Joe cogió la última foto y se quedó paralizado. El siempre
elegante Brandon Ross con un traje de diseño le daba la espalda a la cámara mientras se inclinaba
para besar a ____. Joe podía ver sólo la mitad de las piernas femeninas desnudas bajo la seda
verde y el encaje negro, y los brazos levemente pecosos con que le rodeaba el cuello a Brandon. La
imagen le contrajo el vientre.
Y la nota garabateada, con ese tono amenazador y posesivo no hizo nada para que se relajara.
La última foto, la de ____ en plan esposa despidiéndose de su marido antes de que él se marchara
a la oficina, también confirmaba que ____ O'Malley era la mujer de Brandon Ross. Ella sería el
pago que le cobraría a su viejo amigo por clavarle un puñal en la espalda.

Tenía que mantener a ____ con vida y no delatarse al hacerlo.
-¿Este acosador te ha seguido desde L.A.? -le preguntó.
-Sí. -La voz todavía le temblaba.
Joe suspiró.
-Obsesionado y enfermo. No es una buena combinación. Está claro que es listo si puede sacarte
estas fotos sin que tú te enteres. Y sabe manejar las armas. No creo que puedas salir de aquí
ilesa, ____. Necesitas ayuda. Y yo te puedo ayudar.
Ella vaciló, luego habló con una voz sorprendentemente ronca.
-Me has salvado de esas balas que probablemente me habrían matado. No puedo pedirte que te
arriesgues...
-No me lo has pedido, yo me he ofrecido. -Estaba claro que ese hijo de perra conocía la casa de
Brandon, y ___ no parecía la clase de chica que supiera empuñar un arma ni parecía dominar
técnicas de defensa personal. Era misión suya mantenerla con vida-. ____, yo soy guardaespaldas.
No me quedaré quieto viendo cómo te matan cuando te puedo sacar de aquí de una pieza.
-¿Cuánto?
Jesús, alguien le había disparado y ¿aún quería hablar de dinero?
-Por cuenta de la casa.
La sorpresa la dejó boquiabierta.
-¿Por qué?
Él se encogió de hombros con despreocupación.
-Si te mata, tendré mis quince minutos de gloria.
Ella levantó esos enrojecidos ojos azules hacia él y le dirigió una mirada cínica.
-En serio. Está claro que no te interesa la fama.

Así que ella sospechaba que le interesaba otra cosa. Pero Joe todavía quería que ella lo mirara
con esos inocentes ojos azules mientras le insuflaba un poco de lógica. Podía estar loca y negar
que necesitaba ayuda. Pero también entendería por qué lo hacía.
Él era un perfecto extraño... y no era lo único que la hacía vacilar. Apostaría todo su dinero
en ello. Por lo poco que habían hablado antes de que apareciera el francotirador, se había dado
cuenta de que ____ sentía interés por él. Y de que sentía curiosidad por sus inclinaciones
sexuales. Más curiosidad de la que mostraría alguien que sólo estuviera investigando para un
programa de televisión. El reticente deseo de ____ lo excitaba como no lo había hecho nada en
mucho tiempo.
-Eso no cambia el hecho de que me necesitas. El tirador sabe que ahora estás en el edificio. Así
que no puedes salir. Yo puedo sacarte de aquí.
____ apretó los dientes. Joe observó cómo luchaba para no negarse. No lo hizo, lo que probaba una
vez más lo lista que era.
-¿Cómo?
-Te vestirás como Alyssa. Ella te proporcionará la ropa adecuada.
-Y también necesitará maquillarse -señaló Alyssa-. Yo no tengo pecas, Joe.
Una rápida mirada a ____ demostró que no llevaba ni rastro de cosméticos en su pálida cara.
-Sí, por supuesto. Hazlo.
-No. Esto no funcionará -protestó ____.
-¿Tienes una idea mejor, una que no termine contigo dentro de una caja de pino?

Mientras esperaba que ella admitiera la verdad, que no podía permitirse el lujo de rechazar su
ayuda, Joe observó a ____. De cerca, podía ver sus armónicos rasgos, la boca plena, un cutis de
porcelana que estaba demasiado blanco por el miedo. Las cejas arqueadas tenían un color
imperceptible bajo esa luz. Bajo ese cutis tan blanco, la bufanda, el sombrero y el enorme abrigo,
sospechaba que sería hermosa. El hijo del senador Ross no se conformaría con menos.
____ suspiró.
-No se me ocurre nada.
-Eso es lo que yo decía. Alyssa, llévala arriba y ponle algo ligero. ¿Tienes alguna peluca?
-Sí. -La rubia oxigenada asintió con la cabeza.
____ lo miró enfadada.
-Esto no va a funcionar.
-¿Por qué?
-Alyssa y yo no usamos la misma talla.
Joe las observó a las dos.
-Ella es más alta. Pero puedes ponerte unas botas de tacón de aguja para parecer más alta.
¿Qué número usas?
Ella pareció sorprendida ante la pregunta.
-Un treinta y siete.
Joe le dirigió a Alyssa una mirada inquisitiva.
-Ni lo sueñes -dijo la stripper-. Yo uso un treinta y nueve.
-Ya lo arreglaremos -dijo Joe-. Podemos rellenar la punta de las botas con papel higiénico o
algo por estilo. Será poco tiempo.
-Ése no es el mayor problema. -____ centró la mirada en los atributos quirúrgicamente
realzados de Alyssa que en ese momento pugnaban por no desbordar la parte superior de su bikini.

Joe volvió a pasear la mirada por la pequeña figura de ____. No podía ver lo que había debajo
del abrigo, pero por las fotos que había visto sabía que debían de ser cien por cien naturales,
no como el par de la copa E de Alyssa.
-Alyssa tiene habilidad para elegir la ropa que haría que cualquier mujer pudiera aparecer en el
póster central de una revista masculina.
-¿Y luego qué? -____ se movió con nerviosismo, dirigiendo la mirada a la puerta con rapidez,
como si esperara que su indeseado admirador pudiera atravesarla en cualquier momento.
-Tenemos que despistar a ese bastardo y llevarte a un lugar seguro.
-¿Y después?
-Nos ocuparemos de eso una vez que hayamos salido de aquí, ¿vale? Buscaré un lugar donde no
pueda encontrarte hasta que podamos dar con una solución para todo esto.
____ se mordió un labio y le dirigió una mirada ansiosa y cautelosa. Quería aceptar, pero no
confiaba por completo en él. Joe podía verlo en su cara. ____ vaciló, pero lo miró de frente
como si lo estuviera evaluando. Joe se preguntó si sabría algo de su pasado. ¿Le habría hablado
Brandon de él?
-Puede que ese hijo de perra se haya estado saliendo con la suya hasta ahora, pero aún no se
había topado con alguien como yo. ____, no voy a dejar que se acerque ni a cinco metros de ti.
Ella vaciló un poco más, luego asintió temblorosamente con la cabeza.
-Tú eres el profesional. Nos ocuparemos de lo demás más tarde, cuando salgamos de aquí.

Más tarde ella estaría desnuda, esposada y abierta, preparada para recibir todo el placer que
estaba impaciente por darle. Reprimiendo una sonrisa, le miró fijamente el hinchado labio inferior.
Había algo en ella, incluso con esa horrible ropa, que despertaba su interés. ¿O quizá era la
certeza de que pertenecía a Brandon?
No, era algo más. Bajo ese feo sombrero, la bufanda y el abrigo, estaba seguro de que se ocultaba
una hermosa mujer, dulce e inocente, pero también sexy, provocativa y ardiente. Corromperla sería
un placer. Se sintió todavía más excitado.
¿Quién iba a pensar que la venganza sería tan dulce... en todos los aspectos?
Rodeada por la música que resonaba tan fuerte como para hacer temblar las paredes, ____ siguió a
Alyssa por las estrechas escaleras del club. Al parecer la rubia era la propietaria de Las Sirenas
Sexys. ____ no podía imaginarse cómo alguien podría confundirla con una stripper, no importaba
cuánto la maquillaran. Alyssa poseía una arraigada sexualidad que cualquier mujer desearía para
sí... y que muy pocas poseían.
Aun así, ____ sabía que tenía que intentarlo, representar ese papel lo mejor que supiera hasta
que pudiera salir de Lafayette y escapar del psicópata que la acechaba. La otra alternativa era la
muerte.
Le gustara o no el Amo J, que al parecer se llamaba Joe y era un extraño, era su única esperanza
de salvación.

Más con miradas que con palabras, Joe había dejado bien claro que no era un santo. Incluso ahora,
ella podía sentir el calor de su mirada en la espalda. Contra su voluntad, lo miró por encima del
hombro. Joe la miraba fijamente, con esos ojos casi negros, observándola subir las escaleras. Una
sonrisa especulativa transformaba los cincelados rasgos de su cara.
No sabía nada de ese hombre, salvo que tenía ese tipo de belleza masculina que hacía que una
mujer lo mirara dos veces y babeara después. Ah, y que por supuesto le gustaba mandar en la cama.
Era difícil olvidarlo. Pero su sonrisa la ponía nerviosa. ¿Por qué parecía tan feliz alguien
que acababa de escapar de un tiroteo?
Finalmente, Alyssa y ella llegaron arriba. La rubia la condujo hacia la puerta del final del
pasillo, a una pequeña, pero sorprendentemente lujosa, suite.
La rubia cerró la puerta tras ellas, dejando afuera el fuerte ruido de la música. El suelo
todavía vibraba bajo sus pies. El ritmo sexy resonaba a su alrededor, crudo y sugerente.
___ observó la habitación. En el centro, había una enorme cama sin hacer, y una lámpara de pie
lanzaba una luz dorada sobre las blancas sábanas. La madera del suelo brillaba bajo sus pies. Las
paredes, de un suave color crema, acentuaban las cortinas blancas que colgaban de una enorme
ventana. Cuatro fotos con paisajes en blanco y negro colgaban sobre la cabecera de la cama.

-¿Esperabas un dormitorio de color rojo con una barra de stripper en el medio? -le preguntó
Alyssa arqueando una ceja.
___ se sintió avergonzada. Se lo había preguntado.
-No sabía qué esperar. Esto es precioso.
Los rasgos de Alyssa se suavizaron.
-Es tranquilo. Venga, vamos a quitarte esas feas ropas.
Antes de que ____ pudiera pedir un poco de intimidad o una bata, Alyssa le estaba desabrochando el
abrigo y sacándoselo por los hombros.
Lo lanzó sobre la cama. Como una madre que estuviera desvistiendo a su hijo pequeño, Alyssa
agarró el bolso y la camiseta de flores. Antes de poder emitir una protesta, la stripper se los
había sacado por la cabeza y lanzado al suelo.
-Si me indicas dónde está el baño, podría desvestirme...
Alyssa la ignoró y apretó el cierre delantero del sujetador blanco de encaje. Un leve tirón y
fuera. ___ se quedó desnuda de la cintura para arriba ante una completa extraña.
Alyssa estudió los pechos de ____, sopesando uno de ellos en su mano.
-Tenemos material para trabajar.
____ se enderezó, resistiendo el impulso de correr y esconderse como cuando estaba en el vestuario
de la escuela en séptimo grado.
-¿Qué haces?
-No tienes nada que no haya visto ya, cariño. Una noventa C. -Le echó otra mirada al resto del
cuerpo y Alyssa añadió-. Usas la talla treinta y ocho, ¿no?
-¿Cómo lo has sabido?
Ella sonrió.
-Es mi trabajo. Termina de desnudarte y prepárate.

Alyssa desapareció por la puerta, cerrándola con suavidad. ____ la siguió con la mirada. ¿Qué
se terminara de desnudar? Como si fuera tan fácil. Como si se desnudara todos los días delante de
otras personas.
Jamás lo había hecho. Bueno, lo más probable era que Alyssa sí lo hiciera, así que no la
cogería desprevenida. Y ____ se dio cuenta de que si quería salir de allí sin una bala en la
cabeza, sería mejor que superara con rapidez su recato.
Con un suspiro se quitó los vaqueros y las bragas blancas de algodón, doblándolos pulcramente y
colocándolos en el borde de la cama. Miró a su alrededor buscando una bata o una manta. Una
toalla... cualquier cosa que sirviera para cubrirse. Nada. ____ no estaba acostumbrada a pasearse
desnuda. Aunque estaba claro que a Alyssa eso no le molestaba.
La rubia regresó con un sujetador negro de raso y un tanga a juego. Con los dientes arrancó las
etiquetas, deslizó un par de rellenos de gel en el sujetador y se lo pasó a ____.
Antes de que ____ pudiera pedirle que la dejara sola, Alyssa desapareció de nuevo, esta vez en el
cuarto de baño contiguo a la suite. Agradeciendo el respiro temporal de no sentir la mirada de la
mujer, ____ se puso el tanga con dificultad. No era cómodo... ¿a quién le gustaba llevar una
cuerda en el culo?, pero quedaba muy bien.
Alyssa salió del cuarto de baño llevando algunas ropas muy pequeñas y unas brillantes botas de
tacón alto. La rubia se detuvo en el umbral, esperando. ____ la ignoró.

 

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Juro que AMO ESTA NOVELA<3

Dominada por el Deseo; Capitulo O1

-¿Te has permitido alguna vez dejarte llevar por un hombre cuyo único propósito sea el de darte placer?
Las palabras aparecieron en la pantalla del portátil de _____ O'Malley. Inspiró, sobresaltada. Hacía menos de tres minutos que había conocido a ese hombre en un chat. ¿Cómo podía saber él que era eso lo que ella quería?
Debía de haberlo intuido o adivinado de alguna manera. No le había contado nada sobre sí misma, ni una sola cosa salvo su nombre y que quería entrevistarle para su programa de televisión por cable.
Pero mientras ella permanecía en silencio, anonadada, él dejó al descubierto sus secretos.
-¿No quieres que un hombre mire en tu interior, que conozca tus más íntimas fantasías, ésas tan oscuras que ni siquiera cuentas a tus amigos, y que consiga que se hagan realidad?
_____ sintió que una oleada de deseo se le anudaba en el vientre y le comenzaron a sudar las manos. Tragó saliva.
La silenciosa sala de estar empezaba a teñirse con todos los colores del atardecer. _____ se removió en el sofá de cuero negro, intentando ignorar esos deseos que le rondaban en la cabeza.
Esto era trabajo. Él era trabajo. No era buena idea perder la cabeza por el que sería su próximo entrevistado. Puede que sólo fuera un programa nocturno de entrevistas para la televisión por cable, pero Provócame era su trabajo, su creación, su pequeña rebelión... su vida.
Además, desear a un hombre del que no sabía ni siquiera su verdadero nombre, al que jamás había visto en persona -cuyo estilo de vida ni siquiera conocía-, era, sencillamente, una estupidez.
-Entonces, Amo J, ¿qué hace un Amo? -Tecleó la respuesta, decidida a mantener una conversación ligera-. ¿Convertir las fantasías en realidad?
Algunas -respondió él al fin-. Pero eso simplificaría demasiado la cuestión. Lo más importante es contar con la confianza de tu pareja. La confianza es importante en cualquier relación, especialmente en una que implica Dominación y Sumisión. Si ésta no existe, ¿cómo podría una mujer entregarse libremente al cuidado de un hombre sin estar segura de que su bienestar y su seguridad siempre serán lo primero para él? ¿Cómo podría saber que su Amo la comprenderá hasta el punto de hacer realidad cada una de sus fantasías más atrevidas?
¿La dominación era algo más que atar a alguien a la cama para echar un polvo? La sorpresa hizo que _____ frunciera el ceño. Confianza, seguridad, comprensión... tenía que admitir que todo ello sonaba como una fantasía en sí mismo. Era cierto que ella había echado en falta todas esas cualidades en la relación con su último novio, Andrew, en especial, la comprensión.
-La confianza permite que una mujer conecte con esa parte primitiva de su ser que implora rendirse a la misericordia de su Amo, sin saber si los planes que éste tiene para ella implican placer, dolor, o ambas cosas a la vez
_____ no podía negar que el Amo J le intrigaba más ahora que cuando uno de sus ayudantes de producción, Reggie, le había pasado su biografía.
Entrando en su correo electrónico, abrió el dossier que le habían proporcionado y lo releyó de nuevo.
«Activo practicante de técnicas de dominación y sadomasoquismo durante casi diez años, el Amo J ha experimentado todas las facetas, pero continúa aprendiendo. Posee una compañía de seguridad personal y ha sido guardaespaldas de senadores, diplomáticos y deportistas. Graduado en West Point, también ha prestado servicio en las Fuerzas Especiales del Ejército como jefe de equipo antes de pedir la baja voluntaria».
Morgan cerró el correo electrónico. El párrafo revelaba mucho del hombre cuyas palabras la hacían estremecer con oscuras fantasías. Autodisciplina, honor, coraje. Pero al mismo tiempo decían muy poco de él. ¿Quién era ese tipo? ¿Sería cierto que podía atar a una mujer y jugar con ella hasta hacerla implorar?
-¿_____?-Su nombre apareció en la pantalla-. ¿Sigues ahí?
-Lo siento. Estaba pensando. Al parecer tengo que aprender más del tema para hacer bien el programa. Supongo que pensé que todo consistía en ataduras de terciopelo y esposas.
-También consiste en eso.
Ella se rió, ignorando el deseo que se le enroscó en el vientre... y más abajo. Sentir curiosidad no la convertía en una depravada. Por supuesto que no. Sencillamente sentía interés en conocer las costumbres de otras personas.

-Pero además es un intercambio de poder y confianza -tecleó él-. Una mujer elige entregar
su cuerpo y su mente a su Amo. Rinde su cuerpo y su libertad a cualquier cosa que él desee.
«¿Qué tipo de rendición?» Exigió saber una vocecita en su interior. Miles de oscuras imágenes
de sus más íntimas fantasías le inundaron la cabeza: ella arrodillada ante el miembro de ese
desconocido, él ordenándole que abriera las piernas para poder examinarla a sus anchas, ella atada
a la cama mientras él se disponía a hacer cualquier cosa que quisiera.
Aturdida por el escandaloso rumbo que llevaban sus pensamientos, se obligó a ignorarlos e inhaló
con fuerza.
Había leído que mucha gente tenía fantasías de sumisión en algún momento de su vida. Tenerlas
era algo normal, no importaba lo que hubiera dicho Andrew.
Morgan volvió a removerse inquieta sobre el sofá de cuero, ignorando la humedad que sentía entre
las piernas.
-Pero una relación de sumisión consiste en mucho más -escribió el Amo J-. ¿Cómo es
posible atar a alguien, vendarle los ojos, dejar a oscuras la habitación donde se encuentra y aún
así conservar su confianza? ¿Cómo desarrollar una relación gratificante cuando sólo una de las
partes tiene todo el poder?
«Exacto».

La mirada de _____ permaneció anclada en la pantalla mientras esperaba que él escribiera más.
Durante una dilatada y silenciosa pausa contuvo el aliento, pero no ocurrió nada. El Amo J no iba a
revelar nada más. Supuso que era así como actuaba en el dormitorio. Que tendría la virtud de dar
y de no dar.
Finalmente, una larga respuesta apareció en la pequeña ventana del chat.
-Lo siento, acabo de recibir una llamada urgente. Tengo que irme. Si crees que puedo ayudarte con
el programa podemos quedar. Te responderé entonces a todas las preguntas que quieras hacerme. En un
lugar público si lo prefieres, así no tendrás que preocuparte de que sea un asesino en serie
intentando camelarte. Será más rápido. Soy muy bueno dominando, pero no escribiendo a máquina .
Aún tecleo con dos dedos.
Morgan contuvo su impaciencia. Algo no demasiado difícil cuando ese hombre la hacía sonreír con
sus chistes.
-De acuerdo -contestó-. ¿Podemos quedar mañana a las tres? He estado «googleando»y he
encontrado un lugar que parece ser bastante popular en Lafayette, llamado La Roux. ¿Lo conoces?

-Cher, soy de aquí. Conozco hasta las grietas de las aceras.
Morgan sonrió y tecleó:
-¿Cher? ¡No soy ni lo suficientemente alta ni vieja como para haber sido can¬tante en los
sesenta!
-Jajaja. Quiere decir cariño en francés -tradujo él-. Soy cajún, el francés es mi idioma
materno.
_____ leyó la respuesta e ignoró el leve aleteo de su estómago. El flirteo era algo muy francés,
y él se había criado en esa cultura. Sin duda era tan natural para él como respirar.
-<Sonrojo> Supongo que he vivido en Los Angeles demasiado tiempo. ¿Quedamos entonces?
-Claro. ¿Cómo te reconoceré? Hay muchas chicas bonitas en Lousiana. Quiero estar seguro de
revelar mis más íntimos secretos a la correcta.
_____ no dudaba de que sería una persona fascinante. Tenía algo que ver con su interés por los
látigos y las cadenas. No cabía duda de que la mayoría de las mujeres «normales» saldrían
corriendo espantadas en dirección contraria al pensar en el más leve dolor o sometimiento en el
sexo.

-Llevaré un sombrero de paja, gafas de sol, bufanda y un enorme abrigo oscuro -contestó.
-Parece como si fueras a ir disfrazada -respondió el Amo J.
No tenía ni idea. No pensaba pregonar a los cuatro vientos que tenía un acosador. _____ esperaba
que la razón por la que necesitaba disfrazarse fuera atrapada pronto y comenzara a pudrirse en el
infierno.
-Hasta mañana -escribió.
-Au revoir.
Momentos después apareció en su pantalla el mensaje que anunciaba que el Amo J había abandonado
el chat. Con un suspiro, se movió para cerrar la ventana.
Le temblaba la mano. No, le temblaba todo el cuerpo, a pesar del calor que le hormigueaba bajo la
piel.
Estaba cansada, eso era todo.
«El cansancio no te hace sentir dolor en esos lugares tan persona¬les», se burló la vocecita de
su mente. «El cansancio no te moja».
-El cansancio me hace oír vocecitas molestas en la cabeza -se quejó.
Intentó relegar al Amo J al fondo de su mente y centrar la atención en las preguntas que le haría
al día siguiente. El guión del programa tenía que estar listo pronto, y quería estar preparada
para empezar la se¬gunda temporada con un bombazo. Tenía una audiencia aceptable, y con el
material adecuado, el programa acabaría de despegar hacia el estrellato.

Eso significaba que que tenía que concentrarse en el objetivo de su trabajo.
Sin embargo, diez minutos después seguía con la mirada perdida en la pantalla en blanco, y
_____admitió que no podía dejar de pensar en el Amo J. ¿Por qué?
«¿Quizá porque él sí vive todas esas fantasías que a ti te gustaría experimentar?»
Morgan sacudió la cabeza, resuelta a ignorar esa exasperante vocecita. Sentía curiosidad, no era
una viciosa. No importaba lo que Andrew dijera ni lo que pensara su madre.
Con un suspiro cogió el teléfono y marcó el número de su ayudante de producción en Los Angeles.
-Reggie -dijo cuando le contestó-. Mira, hablé con ese tipo que me recomendaste, el Amo J, y
me leí su biografía. Me reuniré con él mañana. ¿Cuál es su historia? ¿Sabes algo más sobre
él?
-Sí -contestó el hombre, con esa voz ronca producto de fumarse dos cajetillas diarias-. Hice
algunas llamadas a Lousiana y pregunté en los clubes de sadomasoquismo de la zona si habían oído
hablar de él sólo para asegurarme de que no es un farsante. Todo cuadra.

Era un alivio... pero al mismo tiempo no lo era. Reggie se había convertido rápidamente en un
segundo padre para ella, y confiaba en él. Pero ignorar la curiosidad que sentía por el Amo J
habría sido mucho más fácil si Reggie no hubiera podido corroborar esos datos. Ojalá hubiera
podido considerarlo como otro chiflado más que quería hablar de sexo en la tele.
_____ se mordisqueó un labio..., pero su innata curiosidad ganó la partida.
-¿Qué se comenta sobre él?
-Muchas cosas. No es un habitual en esos clubes, pero suele acudir con regularidad. Al parecer,
sabe cómo tratar a las mujeres y tiene una reputación en consonancia. Muchas de las personas con
las que hablé me dijeron que él sería capaz de lograr que hasta una monja le suplicara que la
atara y la follara. Definitivamente le gustan las mujeres sumisas. Oye, ¿no estarás interesada en
ese rollo, verdad?
-¿Qué? -El corazón de _____ se saltó unos cuantos latidos-. ¿Yo? ¡No! -se burló-.
¿Por qué iba a interesarme un matón que dis¬fruta haciendo que una mujer se sienta inferior?

-¿Estás segura? -Reggie sonó escéptico.
-¿Tengo pinta de que me gusten ese tipo de cosas? -replicó ____.
Reggie no dijo nada y _____ sintió que la invadía la angustia.
Un sonido en el cerrojo de la puerta hizo que ____ mirara en aquella dirección. Suspiró aliviada
cuando su hermanastro, Brandon, entró en la estancia.
-Tengo que dejarte -le dijo a Reggie-, te llamaré mañana des¬pués de haberme entrevistado
con ese tipo.
-Hola, hermanita -la saludó Brandon cuando colgó el teléfono.
Apartando de su mente la conversación con Reggie, se levantó y se acercó a él para darle un
abrazo.
-Hola, ¿has tenido un buen día?
La aristócrata boca de su hermano se frunció en una mueca.
-No exactamente. Me tengo que ir a Irak y permanecer allí tres semanas.
La sorpresa y, si ____ era sincera consigo misma, el miedo, se le anudaron en el estómago.
-¿A Irak? Pensé que te pasabas la vida sentado detrás de un escritorio.
-Y así es casi siempre, pero hay excepciones.
-Oh, demonios... ¿por qué a Irak?

-Información clasificada. -Soltó una risa amarga-. Ya conoces este mundo... no puedo decir
dónde voy ni lo que haré, pero no voy a estar cerca ni de un ordenador ni de un teléfono. _____,
no quiero dejarte sola. Es peligroso, y sé que estás asustada.
_____ tragó saliva. Brandon ya había hecho mucho por ella acogiéndola en su casa, a pesar de que
podría provocar la ira de su querido papaíto, para protegerla de la escoria que la acechaba.
Tenía miedo, pero no permitiría que Brandon se sintiera culpable sólo por hacer su trabajo.
-Estaré bien. -Ya pensaría en algo... tenía que hacerlo-. Estaré ocupada con el trabajo.
No te preocupes.
-Si ocurre algo, creo que deberías llamar a papá.
_____ lo miró boquiabierta, conteniéndose para no soltar un comentario sarcástico.
-Puede que sea tu papá, pero para mí sólo es mi padre biológico... el mismo que ha negado mi
existencia los últimos veinticinco años.
Brandon suspiró.
-_____, ya sabes cómo son los políticos, especialmente en el sur. Si la gente supiera que echó
una canita al aire con una jovencita que apenas tenía edad para votar teniendo una esposa y tres
hijos en casa...

-Sé que eso arruinaría al senador del gran estado de Texas.
-Se rumorea que presentará una candidatura para la Casa Blanca en el 2012. -La simpatía y la
pena se reflejaron en la atractiva cara de Brandon.
-Eso es exactamente por lo que no puedo llamarle. Además, ni siquiera contestaría a mi llamada.
-Lo haría si estuvieras en peligro. Papá podría protegerte.
____ tenía sus dudas pero no dijo nada.
-Es una pena que no podamos decirle que soy tu novia. Funciona con el resto del mundo.
-Hum, si alguna vez se descubriera nuestra verdadera relación, tendríamos que confesar que somos
culpables de incesto o de mentir. No es una elección fácil.
-Esperemos que eso no ocurra. De todas formas, no creo que mi acosador sepa que he abandonado
L.A., así que no tendrá ni idea de dónde encontrarme.
Asintiendo con la cabeza, Brandon comenzó a examinar el correo. Cuando llegó a un enorme sobre,
frunció el ceño.
-¿Sabe alguien que estás en Houston?
¿Aparte del Amo, con quien había chateado quince minutos antes, y algunos amigos cercanos?
-No.
La preocupación atravesó como un nubarrón la cara de Brandon.
-Alguien lo sabe. Esto estaba en el buzón. No tiene ni remite ni franqueo. Fue entregado en mano.
Le tendió el sobre, y ____ lo tomó mientras el temor le hervía en el estómago. Conocía esa
letra.

Santo Dios, ¿cómo la había encontrado allí? ¿Y cómo tan rápido?
«¡No!»
Conteniendo el aliento, abrió el sobre y sacó el contenido. Cuando lo hizo, unos pétalos de color
rosa con el centro húmedo y los bordes mustios cayeron al suelo, flotando en el aire hasta el duro
suelo de madera. Pareció como si gruesas gotas de sangre cayeran a su alrededor.
____ soltó un jadeo. Él sabía que ella estaba allí. ¿Cómo la había encontrado?
Luego su mirada cayó en las fotos. Fotos de ella. En la primera aparecía llegando al aeropuerto de
Los Ángeles el día que había huido a Houston. En la siguiente estaba en el patio de Brandon con
un chándal y una sudadera que mostraba sus pezones erguidos por la fría brisa matutina. La última
era una foto en la que aparecía con un camisón de encaje y seda y una bata a juego, mientras se
despedía de Brandon con un beso en la mejilla en la entrada de la casa antes de que él se marchara
a trabajar. Esa misma mañana.
Con el estómago revuelto, ____ no protestó cuando Brandon le arrancó las fotos de sus dedos
entumecidos. Las examinó con una maldición ahogada.
-Son del acosador, ¿no? Está aquí. ¡Qué hijo de perra! -Se pasó una mano por el pelo
oscuro y crespo, cortado de manera convencional-. Voy a llamar a la policía.
Santo Dios, ojalá las cosas fueran tan sencillas.

-No pueden hacer nada. La policía de Los Angeles me dijo que él tenía que hacer algo ilegal
antes de poder ir a por él. Hacer fotos no va contra la ley.
-Ha invadido mi propiedad. -Brandon sostuvo en alto la foto del patio trasero, arrugándola con
sus grandes dedos-. Mi patio es propiedad privada. La única manera de hacer esta foto es entrando
ilegalmente. Ha quebrantado la ley.
Cogió el inalámbrico y marcó el 911. _____ simplemente negó con la cabeza.
Aunque Brandon tenía razón, dudaba que la policía de Houston pudiera hacer más que la de Los
Angeles. El acosador no había robado nada, no había causado ningún destrozo... aún. ____ podía
sentir cómo la ira del acosador iba creciendo por la frecuencia de sus contactos y por el hecho de
que la había seguido hasta Texas. Y a la policía no le importaría lo que ella dijera.
Brandon colgó el teléfono.
-Llegarán en un momento
____ se encogió de hombros e intentó controlar el pánico que burbujeaba en su interior.
Sin poder hacer nada más que esperar, volvió a meter las fotos en el sobre. Cuando se encontró
con que algo se lo impedía, se dio cuenta de que había otra cosa dentro. Perpleja, metió la mano
en el sobre. Por lo general, ese loco bastardo sólo enviaba fotos... unas fotos desconcertantes e
inquietantemente íntimas, pero nada más.
Pero no había sido así en esa ocasión.
Sacó bruscamente del sobre marrón un recorte de papel en el que había garabateado unas feas
letras negras.
«Me perteneces. Eres mía».

____ se tragó el nudo de miedo que le obstruía la garganta. Ahora él se comunicaba con ella.
Directamente. Le transmitía su posesividad, la furia que sentía ante la idea de que hubiera otro
hombre en su vida. Ese lunático no sabía que Brandon era su hermanastro. Había creído la
historia que Brandon había inventado, tanto para explicar la presencia de ____ en su casa como para
alejar al psicópata acosador.
Aunque pensar en quedarse sola asustaba a ____, una parte de ella se alegraba de que Brandon tuviera
que irse al día siguiente. Si le ocurriese algo, no sería porque su acosador hubiera decidido
quitar de en medio a la «competencia». Ya se le ocurriría algo en las próximas tres semanas que
Brandon estaría fuera. Encontraría algún otro lugar a dónde ir, de manera que cuando Brandon
regresara, ella no pudiera poner en peligro al único de los hijos del senador Ross que se había
puesto en contacto con ella.
Quizá, como Reggie le había sugerido antes de marcharse de L.A, necesitaba un guardaespaldas
-¿No tienes ni idea de quién puede ser este pervertido? -gruñó Brandon, mirando fijamente la
nota por encima del hombro de Morgan.
-No. -Ella negó con la cabeza-. Ojalá la tuviera. No me llevo mal con ninguno de mis
compañeros de trabajo. Y mi novio me aban¬donó, no lo dejé yo.
-¿Uno de los seguidores del programa? ¿Un fanático que no sepa que hay ciertos límites?
Morgan se encogió de hombros.

-Quizá. He recibido un extraño e-mail de un seguidor del pro¬grama, pero no resulta amenazador,
ni invade mi intimidad.
--Voy a buscar a alguien que llegue hasta el fondo de esto, pequeña. No voy a dejar que te ocurra
nada -le prometió.
En ocasiones como ésa, Morgan se preguntaba cómo era posible que Brandon y ella tuvieran algo en
común con los demás hijos del senador Ross. No tenían nada que ver con esos hombres ávidos y
hambrientos de poder.
-Maldición -juró de pronto Brandon, rompiendo el silencio-. Ojalá no tuviera que irme
mañana. Me recogerán a las cinco de la madrugada y no podría ser en peor momento. ¡Maldita sea!
El gobierno puede ser un amante de lo más exigente.
____ no sabía exactamente en qué trabajaba Brandon, no le permitían contárselo a nadie. Por
cosas que él le había comentado en los tres años transcurridos desde que había descubierto el
secreto de su padre y la había localizado, _____ había supuesto que trabajaba para Inteligencia.
Pero no tenía ni idea de qué hacía.
-Si tanto odias tu trabajo, y deseas presentarte como candidato a un cargo público como sé que
deseas hacerlo, ¿por qué simplemente no lo haces?
Por primera vez desde que lo conocía, Brandon no le sostuvo la mirada. Se dio la vuelta cerrando
los puños con fuerza.
Los abrió con evidente esfuerzo y luego dijo:

-No puedo.
Al día siguiente, _____ se dejó caer en una silla de hierro forjado en la terraza de un pequeño
café, junto a una pintoresca cadena de tiendas exclusivas. La tarde de febrero caía lánguidamente
y era sorprendentemente bochornosa. Luchando contra el cansancio tras haberse pasado casi toda la
noche en vela, le echó una mirada al reloj de su muñeca. Las tres en punto. Había calculado bien
el tiempo. El Amo J debía de estar a punto de llegar.
Se le contrajo el estómago al pensar en ello.
Sin embargo, ésa no era la única razón. Podía sentir las miradas sobre ella, observándola,
evaluándola y espiándola. Tenía erizados los pelos de la nuca. Miró a su alrededor y escudriñó
a la multitud. Nada.
Morgan respiró hondo, intentando reprimir su inquietud. No era difícil imaginar que si un
psicópata era capaz de seguirla desde Los Angeles a Houston, no iba a costarle nada seguirle la
pista hasta Lafayette. Lo más probable era que estuviera a salvo allí sentada en esa soleada
plaza, pero si la reconocía, su acosador la vería con el Amo J, lo que suponía le sentaría
todavía peor que verla con Brandon. Y cuando se hiciera de noche, y estuviera sola en la casa de su
hermanastro...

No, no podía pensar en eso ahora. Tenía que recordarse que estaba allí por un asunto de trabajo,
y que si su acosador la reconocía o estaba observando ese encuentro, no vería nada sexual entre el
Amo J y ella.
Se ajustó la bufanda y el sombrero para asegurarse de que le cubrían el pelo, y se colocó las
gafas de sol. Tal vez estaba siendo paranoica. Nadie la iba a reconocer así vestida. Ojalá
después de esa entrevista pudiera meterse en la cama de un albergue tranquilo y dormir hasta que se
le ocurriera alguna forma de quitarse de encima a ese acosador.
Un camarero le dirigió una amplia sonrisa; sus dientes blancos contrastaban contra la piel oscura.
____ se esforzó en devolverle la sonrisa mientras pedía un té helado.
En cuanto se fue, tiró del largo abrigo que había tomado prestado del armario de Brandon,
recolocándolo bajo las caderas y levantando las solapas, El camarero apareció con el té. Volvió
a examinar el reloj de pulsera. Las tres y cinco. Le daría a Amo J, unos minutos más. Allí
sentada se sentía vulnerable ante el psicópata que la estaba siguiendo... De repente, comprendió
que había sido una imprudente.

-Tú debes de ser ____.
El profundo susurro llegó desde sus espaldas, casi encima de su oreja. Un cálido aliento rozó el
lateral de su cuello, y ____ se estremeció involuntariamente.
____ se giró, aturdida por el hecho de que alguien se hubiera podido acercar a ella con tanto
sigilo a pesar de lo nerviosa que estaba. Pero él se había acercado en completo silencio.
Y era impresionantemente guapo.
El pelo, espeso y oscuro, caía sobre una frente amplia. La mandíbula era angulosa, y la barbilla
con un hoyuelo estaba cubierta por una sombra de barba que proclamaba su masculinidad con la misma
sutileza que un estampido de una bomba. La boca ancha se curvaba con una expresión que parecía
mitad sonrisa, mitad desafío. Y, oh, esos ojos. La atrapaban. Acentuados por unas cejas negras,
esos ojos perspicaces la observaban como si pudieran ver en su interior. Como si él conociera todos
sus secretos.

Bajar la mirada por su cuerpo no ayudó a calmar los latidos de su corazón. El Amo J medía más de
uno ochenta y cinco, poseía unos hombros anchos y un cuerpo lleno de músculos duros que se hacían
evidentes bajo una camiseta negra y ceñida que la hizo pensar en una sólida e inquebrantable
montaña. Nadie podía mover una montaña. Nadie podría mover tampoco a ese hombre, a menos, claro
está, que él quisiera ser movido.
Con sólo mirarle fijamente, ____ se sintió atraída por él e invadida por la lujuria.
Era una suerte que su encuentro se limitara a esa reunión en público. De cualquier otra manera,
____ creía que no hubiera sido responsable de su comportamiento.
Tragó saliva para recuperar el habla.
-Sí, soy ____.
Cuando le ofreció la mano, él no se la estrechó. Demasiado sencillo. Atrapándola con la mirada,
se inclinó y se llevó la mano de ____ a la boca, depositándole un beso sobre los dedos.
«Oh, Dios Santo...»
Una ardiente sensación le recorrió el brazo a toda velocidad, y los latidos de su corazón
adoptaron un ritmo candente. Él se recreó, dejando que su cálido aliento le acariciara el dorso
de la mano, mientras sus dedos jugueteaban con el centro de la sensible palma. Estremecimientos
ardientes le atravesaron la piel y le subieron por el brazo.

El efecto que el Amo J tenía sobre ____ no terminaba ahí. De hecho, el impacto de su presencia, de
su contacto, la afectaba tan profundamente que un latido comenzó a pulsar suavemente entre sus
piernas. Como si su clítoris necesitase anunciar a su libido que quería desnudarse para ese
hombre.
«¡Es sólo trabajo!», se dijo a sí misma.
Con un discreto tirón, ____ liberó la mano. El Amo J sonreía cuando se sentó a su lado -en vez
de enfrente-, y acercó la silla unos centímetros más. Ella intentó ignorar lo consciente que
era de él cuando el muslo masculino rozó el suyo, provocándole un hormigueo.
-Gracias por reunirse aquí conmigo, señor... ¿Cómo te gustaría que te llamara?
Esa amplia sonrisa pareció burlarse de su incertidumbre y proclamar un perverso conocimiento de su
próximo debate sexual.
-Por ahora, será suficiente con que me llames señor.
-Vale. Sí, señor.
En el momento que las palabras salieron de su boca, ____ se dio cuenta de lo sexuales que habían
sonado. De lo sexuales que él había pretendido que sonaran. No sólo eran respetuosas, aunque lo
eran. Pero con respecto al Amo J, ella no podía conseguir que su voz fuera algo más que un ronco
murmullo.
¿Cómo sería llamarle señor en privado?

A pesar de que las gafas de sol la protegían, esos ojos oscuros parecían conocer cada uno de los
pensamientos de ____, cada pecaminosa sensación, y la mantenían inmóvil mientras la miraba como
si pudiera leer el deseo en su cara.
Morgan utilizó el té intacto como excusa para apartar la mirada de él y se obligó a concentrarse
en un tema seguro y neutral.
Algo difícil de conseguir cuando lo había invitado para hablar de sexo.
-He leído en el dossier que recibí sobre ti, que te dedicas a la seguridad personal. ¿Eres
guardaespaldas?
-Exacto. -Encogió esos hombros tan deliciosamente macizos-. Protejo a unos cuantos políticos
y a sus familias, a diplomáticos y a algún que otro deportista.
-Estoy segura de que conoces a mucha gente interesante. ¿Trabajas con celebridades? -le
preguntó.
Un atisbo de humor curvó la ancha boca en algo parecido a una sonrisa.
-Demasiado para mí. Los políticos son mentirosos, pero por lo menos sabes qué esperar de ellos.
Pero los de Hollywood son paranoicos y egocéntricos, y creen que cualquier persona es un psicópata
en potencia. No gracias.
____ no podía decidir si estaba molesta o divertida.
-No soy nada de eso.
-Date tiempo -él le guiñó un ojo.

 

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Hoola(:

Bueno, aca les dejo el primer capitulo de una de las novelas ke MAS amo:$ & se puede decir ke es la PRIMERA novela ke subo sin sinopsis, pero les aseguro ke es GENIAL esta novela<3 
Dominada por el Deseo tiene tan solo 19 capitulos pero los capitulos son laaaaaaaaargos, como este :D

Que la disfruten!

 

Lasaaadoro<3

Obsesión; GRAN FINAL

Unos minutos más tarde, estaban sentados a la mesa en su habitación compartiendo una botella de vino. __________ no estaba segura de cómo debía decirle lo que sentía, pero intuitivamente percibía que éste era el momento para decírselo.


-Joe -dijo de repente con un suspiró de resignación- realmente necesitamos hablar.

Joe la miró a la cara, y no estuvo seguro si le gustaba la expresión en ella. Se veía muy abatida, deprimida, quizás ya contemplando su planeada partida... una partida que haría cualquier cosa por impedir.

-Adelante.

Ella suspiró, acomodando hacia atrás un mechón de cabello rojizo. Sus miradas se cruzaron.

-Hay algo que he sentido la necesidad de decirte hace días, sólo que no he podido juntar el coraje para decirlo. Yo... -ella respiró hondo y exhaló, mirando para otro lado.

El estómago de él se anudó.

-¿Son malas noticias? -preguntó- porque si es así, no estoy seguro de querer oírlas. Déjame decirlo de otra manera. Sé que no quiero oírlas.

La sonrisa de __________ fue confusa.

-Supongo que la definición de «malo» depende de tu punto de vista -apoyó los dientes sobre su labio y lo mordisqueó por un momento- y si yo supiera cuál es tu punto de vista sería muchísimo más fácil decir lo que hay que decir.

Los ojos de Joe rastrillaron su cuerpo, hasta su cara. No quería escuchar más, no quería arriesgarse a que sean malas noticias. En ese momento, su única preocupación era ligarla a él, mantenerla con él para siempre. A pesar de las dudas, las preocupaciones que a veces albergaba desde que la conoció, siempre supo que cuando estaban unidos sexualmente eran como uno sólo para todo. Decidió sacar provecho de ese conocimiento.

-Ven aquí -murmuró, estirándole la mano- quiero jugar contigo.

__________ levantó la cabeza rápidamente. Una parte de ella quería decir que no, insistir para que hablen sin ningún tipo de contacto sexual, pero otra parte de ella, la parte insegura, quería estar con él una última vez antes de estar obligada a decirle que estaba enamorada de él. Si él no sentía lo mismo, después de todo, nunca podría volver a estar con él y disfrutarlo.

Y entonces se puso de pie y se quitó el traje de playa por sobre su cabeza, exponiéndose a él con un par de pequeños tirones. Ella estaba desnuda, él estaba vestido, y por primera vez desde que lo conoció, se sintió total y completamente vulnerable a él.

-Ven aquí -le rogó con lisonjas, con los ojos ardiendo sobre su carne- lo que tengas que decir puedes decirlo mientras te sientas sobre mi.

__________ caminó la corta distancia que los separaba y se paró frente a Joe. Antes de que pudiera sentarse sobre él como le había dicho, él enterró su cara contra su pecho y metió un pezón en su boca. Tiró de él, endureciéndolo y alargándolo, haciendo que sus ojos se cerrasen y su cabeza cayera hacia atrás con un gemido.

Las manos de Joe se pasearon por todo su cuerpo, instalándose sobre su bronceado trasero agarrándolo y amasándolo mientras continuaba tirando de su seno. Estaba perdiendo el control, como siempre lo hacía cuando la tenía sexualmente, todo nivel de pensamiento superior siendo descartado para reemplazarlo por necesidad primitiva. Empujó su mano hacia abajo para cubrir su erección y gimió cuando ella comenzó a frotarlo a través del material de los jeans.

-Sácalo y siéntate sobre él -dijo él con voz profunda, soltando su pezón- necesito sentirte envolviéndome.

__________ hizo como se le dijo, bajando el cierre de sus jeans y liberando su rígida erección. Joe se tomó la libertad de quitarse la camisa mientras ella pasaba sus manos por toda la extensión de su pecho, adorando la dureza y musculatura de él.

-¿Todavía piensas que no somos el uno para el otro? -preguntó ella descaradamente mientras bajaba y se sentaba sobre él con una pierna a cada lado, su vagina suspendida delante de la cabeza de su pene.
Los dedos de Joe se hundieron en sus caderas mientras la embestía hacia arriba, gimiendo al entrar
en ella, apretando los dientes al sentir su carne cálida y húmeda envolviéndolo, llevándolo todo
adentro.

-Nunca pensé... -era tan difícil hablar, tan difícil pensar. Él embistió hacia arriba
nuevamente, quitándole el aliento- nunca pensé eso.

-¿Entonces por qué esperaste hasta esta noche para venir a mí? -__________ se mantuvo quieta,
rehusando cabalgarlo hacia el orgasmo hasta que le respondiera. Sabía que estaba jugando con él,
sabía que él no podría soportarlo mucho más.

-Porque -dijo, mientras se le achicaban los ojos, la parte primitiva de su cerebro registrando
enteramente el hecho de que su pareja sexual se estaba refrenando de él. Sus dedos se hundieron
más profundamente en sus caderas mientras la embestía con un movimiento suave y poderoso que ambos
encontraron altamente estimulante.

-Porque - dijo entre dientes- quería estar seguro de que tú me querías aquí

La embistió nuevamente, ganándose otro jadeo femenino.

-Pero he decidido que me quedaré contigo, sin importarme nada más.

__________ sonrió lentamente. Recompensó su inesperada respuesta con una cabalgata dura y
enérgica. Él gimió, su lengua salió instintivamente para enrollarse en su pezón, tirando de
él, haciéndolo girar con sus labios y lengua


-Te amo, Joseph Jonas -susurró ella mientras lo montaba, su carne chupando su pene una y otra
vez, el sonido pegajoso de sus carnes uniéndose retumbando en la habitación.

-Te amo tanto.

Pocas cosas podrían haber penetrado en el cerebro de Joe en medio de un intenso apareo, pero esas
palabras eran las primeras de la lista. Sus ojos oscuros se agrandaron al dejar su pezón y mirarla
directo a sus ojos verde claro.

-Entonces cásate conmigo, __________, porque yo también te amo, corazón.

__________ sonrió ampliamente, doblándose hacia adelante para besarlo en los labios.

-Empezaba a pensar que nunca me lo pedirías.

-No quiero que vuelvas a Atlanta -dijo con acento dominante, mientras sus ojos buscaban los de
ella- ni ahora, ni nunca.

-Lo sé. No me iré.

Él gruñó arrogante. Era toda la conversación inteligente que un hombre muy caliente podía
mantener de una vez. Especialmente cuando dicho hombre estaba enterrado hasta el fondo dentro de la
mujer de sus sueños.

Con un sólo y fluido movimiento, se paró, envolviéndola con sus brazos, sus cuerpos aún unidos,
y la llevó hasta la cama. Subiéndose sobre ella, detuvo sus acciones amatorias lo suficiente como
para gruñir una última orden.


-No más pastillas anticonceptivas.

-¿Quieres que tenga un hijo tuyo? -susurró ella.

Él sólo gruñó en respuesta.

__________ rió nerviosamente, tomándolo como un sí. Abrió bien las piernas, dándole fácil
acceso a la carne que necesitaba. Joe la penetró profundamente, gimiendo al volver a entrar en
ella, y la montó hasta que los dos perdieron la consciencia.


EPILOGO


Joe se paró en la cima del monte Cairn Gorm en la luz púrpura de la mañana, reflexionando sobre la gloriosa vida que llevaba. Cinco años de matrimonio con la mujer que amaba, carreras exitosas para ambos, dos preciosas hijas, y ahora __________ le dijo que estaban esperando su tercer hijo que haría su aparición en este mundo cerca de Navidad.


La vida había sido decididamente buena con ellos, los había bendecido, y por suerte daba toda la impresión de que seguiría haciéndolo. Aún sus amigos habían encontrado la suerte. La mejor amiga de __________, Miley, y el mejor amigo de Joe, Kevin, se enamoraron y se casaron unas semanas después de conocerse. Miley había retenido la custodia de Erica, Kevin y ella habían tenido otro hijo juntos, y su elegante departamento de familia de cuatro estaba a cinco minutos a pie del de los Jonas.

La mirada de Joe vagó de la vista bajo la montaña hasta donde yacía el cuerpo desnudo de su durmiente esposa. Sonrió lentamente, pensando para sí que la vida estaba llena de mordaces ironías. Si alguien le hubiera dicho una semana o incluso un día antes de conocer a __________ que cinco años después estaría parado desnudo en la cima de una montaña escocesa celebrando su quinto aniversario de casados con la mujer más sensual que había visto en su vida, le hubiera dicho que estaba loco. Pero eso fue lo que pasó realmente.

Joe volvió donde dormía su mujer y se arrodilló a su lado. Sus ojos oscuros se arrugaron en los rincones cuando ella se despertó lentamente y se estiró hasta alcanzarlo, queriendo que fuera parte de ella.

Se le subió encima, enterrándose en su calidez, sabiendo que no pasaría un día en el que no le agradeciera al destino por traerle a __________.

Joe era, después de todo, un hombre de lo más sensato.

 

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Bien.. HEMOS LLEGADO AL FIN DE LA NOVELA "OBSESIÓN" :') Espero ke les haya gustado tanto como a mi<3

Mañana subire el prologo o el primer capitulo de la nueva novela:D


Lasaaaaaaamo<3

Obsesión; Capitulo 17

Durante los últimos siete días, desde la noche de la reunión formal de Joe en la universidad, lo

estuvo seduciendo de formas nuevas casi todos los días. Se le aparecía y ponía a disposición en
su oficina, entraba a su departamento a hurtadillas y le hacía el amor allí, hasta lo llevó
engañado al castillo de Sterling y lo montó hasta el éxtasis en los terrenos del palacio.

Y sin embargo, después de todo su esfuerzo, Joe todavía no la había buscado.

__________ se paró con un suspiro y caminó sin apuro para admirar la vista de Edimburgo desde su
ventana. Cruzando los brazos sobre sus senos, se preguntó si todos sus planes y confabulaciones
habían sido en vano. Quizás Joe se contentaba con tener una aventura con ella mientras estaba
aquí, pero quizás él realmente no quería continuar las cosas más allá de la semana restante
que ella había planeado quedarse.

Él sabía que ella planeaba irse, sabía que tenía pasajes para Atlanta para dentro de una semana
exacta. No le había dicho nada para tratar de frustrar esos planes. Nada en absoluto.


__________ se desplomó en la silla más cercana y respiró hondo. Tenía la misma sensación de
nervios en el vientre que había tenido mientras esperaba que Ballast se volviera a comunicar con
ella respecto a si planeaban comprar su primer manuscrito o no. Sólo que esta vez, admitió, la
apuesta era muchísimo mas alta.


La noche siguiente, Joe estaba sentado en su Lexus mirando pensativamente al Balmoral. Éste era el segundo día seguido que __________ no venía a él. Toda la noche anterior y hoy anduvo con pies de plomo, preguntándose qué situación erótica nueva habría ideado para que él participe. La había esperado en su departamento esta noche hasta pasadas las diez, y luego, incapaz de soportar más, subió a su auto y condujo hasta el hotel.

Así que ahora estaba aquí sentado, preguntándose si debía subir o no, preguntándose si a ella le agradaría una movida así de su parte o no, o si estaría deseando que él la deje tranquila de una maldita vez. Quizás no había aparecido para ningún encuentro estos últimos dos días porque había decidido que no quería tener más nada con él. Planeaba irse en una semana. Quizás quería una ruptura limpia.

Y quizás él no la dejaría irse tan fácilmente.

Los dedos de Joe se aferraron al volante tan fuertemente que se le pusieron blancos los nudillos. Estaba cansado de jugar a ser el Sr. Agradable, cansado hasta la coronilla de dejar que la vida le suceda en lugar de tomar lo que quería de ella, al cara*jo con las consecuencias. Había sido criado para ser un caballero considerado, para que no le trajera nada a cambio. Bueno, no más.

Deseaba a __________, incluso la necesitaba. Nada era lo mismo ya.

Beep, ni siquiera se vestía como solía. Las gafas doradas se fueron, la vestimenta de profesor sensato fuera de la universidad se fue, todo lo que alguna vez llamó normal se fue.

Mirando los ajustados jeans negros y el chaleco que llevaba puesto, Joe llegó a una irrevocable conclusión. Si __________ no había decidido hasta ahora que no volvería nunca a Atlanta, entonces estaba por decidirlo esta noche.

Abrió la puerta del auto con fuerza, y salió suavemente de él, con pasos decididos. Entró al Balmoral y pasó de largo el vestíbulo completamente, dirigiéndose directamente arriba a su suite.

Cuando salió del ascensor en el quinto piso, leyó atentamente los números de las habitaciones hasta que encontró el que pertenecía a ella. Golpeó abruptamente, y esperó impaciente que ella abriera la puerta, mirando su reloj cuando no apareció inmediatamente.

Ella no estaba allí.

Los ojos de Joe se achicaron, y su ánimo se volvió sombrío. Si no estaba en su habitación del hotel y no estaba con él, entonces dónde exactamente...

El sonido de una risa femenina familiar llegó a sus oídos y siguió su camino por su espina dorsal. Joe se dio vuelta lentamente, cautamente, con todos los sentidos en alerta. Los ojos se le achicaron posesivos, y las manos se le cerraron en puños cuando vio que __________ salía de una suite que no era la suya. Venía riéndose, pero sus ojos se abrieron grandes con... ¿estupor? ¿miedo?...al detenerse frente a él.

-Joe -dijo en voz baja- ¿qué estás haciendo aquí?.

Sus ojos echaron un vistazo a sus senos antes de posarse en su cara.

-Creo -dijo claramente, con palabras entrecortadas- que la pregunta apropiada es dónde beep has estado tú y con quién.

Los ojos de __________ se agrandaron. Acababa de volver de ayudar a Miley a instalarse al otro lado del corredor y por eso no tuvo tiempo de ir a él hoy como lo había planeado. Y ayer... suspiró... ayer estuvo tan angustiada con la idea de irse de Escocia, de dejar a Joe, que no pudo desarrollar un apetito sexual de ningún tipo. La seducción fue lo último en su cabeza en ese momento.

Supuso que lo mejor sería poner las cartas sobre la mesa y decirle lo que sentía. Después de todo, sólo quedaban seis días más.

-Creo que lo mejor será entrar en mi habitación y hablar.

Sus orificios nasales se agrandaron.

-Ni beep.

__________ giró sobre sus talones, pensando que Joe estaba a punto de dejarla, con el corazón palpitando por ese motivo. Pero no caminó hacia los ascensores. En lugar de dejarla para siempre, como pensó que haría, se detuvo frente a la habitación de Miley y empezó a golpear fuertemente la puerta como si estuviera poseído.

-¡Abre la puerta, maldito bastardo!.

A __________ se le cayó la mandíbula cuando se dio cuenta de que Joe pensaba que había estado en la habitación del hotel de Miley con otro hombre. Si no hubiera estado tan encantada por el hecho de que él estaba celoso, que no quería que estuviera con nadie más, le habría arrojado algo para hacer que dejara de humillarla frente a su mejor amiga. Estaba golpeando la puerta con violencia, después de todo.

-Joe -dijo __________, cuando finalmente le salió la voz mientras corría a su lado- por
favor deja de golpear esa puerta. ¡Te vas a arrepentir de esto!.

-Ah, me voy a arrepentir, ¿no? -dijo entre dientes, las venas de sus antebrazos hinchadas y los
músculos contraídos visiblemente- lo veo bastante dudoso.

Golpeó más fuerte, y su voz enloqueció.

-¡Abre, maldita sea! Abre la puerta antes de que la abra...ahhhh... de una patada- finalizó
más suavemente.

Joe miró hacia abajo para ver la pequeña estructura de... una hermosísima mujer. Estaba tan
abrumado por su error, tan agradecido de que de hecho fue un error, que todo lo que pudo hacer fue
seguir mirándola.

Las manos de Miley volaron hasta sus caderas. Lo miró frunciendo el entrecejo.

-La puerta está abierta, Rambo. Ahora, ¿en qué te puedo ayudar?.

__________ intercedió rápidamente.

-Miley -dijo, aclarando su garganta- quiero presentarte a Joe. Joe, ésta es mi mejor amiga,
Miley.

-Miley -repitió Joe, sus ojos oscuros encendiéndose, sus labios dibujando rápidamente una
sonrisa. Sentía simplemente demasiado alivio como para avergonzarse- ¿Cómo te va?.

Ella le dio la mano y rió por lo bajo, lo que lo ayudó eficazmente a salir del aprieto.

-Me va bastante bien, considerando que casi me patean el cu*lo por tener una aventura con mi mejor
amiga


Joe tuvo el buen tino de mirarla avergonzado.

-Yo, eh, no fue mi intención patearte el cu*lo tan así como tú lo pones. Sólo que yo, eh... yo
estaba terriblemente ansioso por conocerte. [hahaha si claro xD haha]

-A-há.

-Es cierto. __________ me ha hablado mucho de ti.

-A-há -Miley sonrió- las puertas no son a prueba de ruidos, sabes. Escuché todo lo que le
dijiste a __________ antes de amenazar con abrir la puerta a patadas.

__________ se mordió el labio, reprimiendo una sonrisa. La alegró notar que Joe se recuperaba
rápidamente.

-Bueno -dijo con un marcado acento escocés- quizás me permitas el privilegio de compensarte
por este encuentro tan engorroso mañana. ¿Quizás podría llevarlas a las dos a tomar algo por
ahí o algo así?.

Miley rió por lo bajo, asintiendo con la cabeza a modo de aceptación.

-Suena bien -miró rápidamente a __________- ustedes dos vayan a hablar. Tengo que hacer
algunas llamadas telefónicas -le sonrió a Joe.

-Gusto en conocerte, Rambo. __________, te veré en el desayuno.

__________ rió por lo bajo mientras veía cómo Miley volvía a su habitación. Meneó su cabeza a
Joe y sonrió.


-Te dije que lo lamentarías -murmuró.

Él sonrió sumiso.

-Supongo que sí lo hiciste.

Ella hizo un gesto con su mano hacia su propia habitación.

-¿Quieres pasar?.

Sus miradas se cruzaron.

-Sí, de verdad lo quiero.

 

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Mañana GRAN FINAL<3 :(

Obsesión; Capitulo 16

-Ay, Miley, por favor dime que es una broma.


-Me temo que no -su suspiro se pudo escuchar claramente a través de la línea telefónica-
ese bastardo despreciable me dejó.

__________ se mordía el labio inferior mientras agarraba firmemente el teléfono con su mano.

-Ay, linda, lo siento tanto. Nunca me di cuenta de que ustedes dos tuvieran problemas. Tú y
Justin parecían hechos el uno para el otro.

-Las apariencias evidentemente engañan. Mientras hablamos, mi marido se está mudando con la
modelo de la portada de su última novela.

-Ay, querida

__________ cerró los ojos por un momento, sintiendo el dolor de Miley como si fuera suyo. Las dos
habían sido íntimas amigas desde que se conocieron en una fiesta ofrecida por la editorial Ballast
Books. Ambas escribían para la editorial, pero para departamentos diferentes.

-¿Qué voy a hacer, nena? -Miley suspiró- para ser honesta, hace años que no estoy
enamorada de Justin, pero aun así es mi marido. Estoy tan deprimida que apenas puedo ver.

__________ lo analizó por un momento.


-Bueno -dijo, aclarando su garganta- ¿por qué no vienes a Escocia y te quedas conmigo la
semana que viene? -sonrió, pensando que era una idea realmente maravillosa- no sólo me
encantaría andar por ahí contigo, pero además, si tú no te hubieras preocupado tanto por lo que
ese imbécil pensaría de ti si venías de vacaciones sola a Europa en primera instancia, estarías
aquí de todas formas. De hecho, se supone que estés aquí con el resto de los escritores de
Ballast.

-Eso es cierto -aceptó Miley, sonando como si le empezara a gustar la idea.

-Podrías quedarte aquí mismo conmigo. Ballast me acomodó en una habitación muy linda.

-Olvídalo -Miley se rió por lo bajo, el primer signo de buen humor desde que llamó a la
habitación de __________ un poco más de veinte minutos atrás- no te ofendas, __________, pero
lo último que tengo ánimos para hacer es escucharte toda melosa con el sujeto que conociste.

__________ frunció el ceño.

-¿Me viste alguna vez comportarme de forma melosa? -se negó a pensar en los sentimientos
almibarados que albergaba para Joe- además, nunca jamás ha subido a mi habitación del hotel.

-A-há. ¿Entonces todavía no te has acostado con el Dr. Semental?

-Yo no dije eso -murmuró.

Miley echó su cabeza hacia atrás y rió.

-No importa, nena. Ahora realmente no quiero saber.


__________ rió por lo bajo, sacudiendo levemente la cabeza.

-Sólo di que vendrás. Trae a Erica si quieres. Sólo dime por favor que está bien que te
reserve una habitación -le pidió esperanzada.

Miley se quedó callada tanto tiempo que __________ estaba segura de que diría que no. Pero
entonces, milagrosamente, dio marcha atrás y cambió de idea.

-No puedo llevar a mi hija porque empieza pronto la escuela, pero estoy segura de que mi madre la
cuidará por mí. Son unas vacaciones de trabajo, después de todo.

-Entonces....

-Sí -Miley rió por lo bajo, sintiéndose más malvada y descarada de lo que se sintió en
años- ve y reserva esa habitación. Por una semana.

__________ sonrió, sin poder creer que se las había arreglado para convencerla.

-Excelente. Llamaré abajo ahora mismo. ¡Reserva ese vuelo apenas colguemos!.

-Lo haré, linda. Gracias por todo -su voz sonó trémula, lo que hizo saber a __________ que se
estaba emocionando con la idea- si hay un lugar en el vuelo de esta noche, estaré allí mañana
por la mañana.

-No veo la hora.

-¡Ni yo! Nos vemos.

Cuando __________ colgó el teléfono, pensó que una semana no era mucho tiempo, no era mucho en
absoluto. Y aun así ese era todo el tiempo que le quedaba con Joe. Una semana más y se estaría
volviendo a Atlanta. La idea era extremadamente deprimente.


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Hoola(:

Chikas, lamento comunicar ke esta novela esta llegando a su fin:__:(

Espero ke les guste el capi:D .. por cierto, Gracias NarthaJonas, por defenderme:') gjfdksfgoridjbfvd:DD


Lasaaaadoro<3

Obsesión; Capitulo 13, 14 & 15

Capitulo 13:


Para cuando el último estudiante había salido del salón de clases y había cerrado y trabado la

puerta detrás de él, Joe había soportado tanta tortura como podía resistir. Acechó el
escritorio que __________ había ocupado sin decir una palabra, y notó que ahora estaba parada al
lado de él, y no sentada.

Bajando el cierre de sus pantalones, dejó salir su dura erección con un solo movimiento y levantó
su falda hasta las caderas con otro. Sus ojos se pasearon pensativos sobre la afeitada pequeña
vulva mientras sus manos levantaban su apretada camisa sobre sus senos, liberándolos para las
palmas de sus manos. Se quedó sin aliento mientras los levantaba, sus ojos achicándose de deseo y
sus pulgares frotando sus pezones.


-Date vuelta -dijo suave pero drásticamente.

Soltó sus senos cuando lo obedeció, dejándola darse vuelta en semicírculo y abrir sus piernas
para que él pueda penetrarla desde atrás. Se inclinó sobre el banco tanto como pudo, cerrando los
ojos, anticipándose mientras levantaba su trasero en el aire.

__________ se quedó sin aliento cuando su larga y dura excitación penetró su húmeda carne por
atrás.

-Joe -gimió mientras la tomaba, haciendo sonidos de placer cuando levantaba sus senos desde
atrás y jugaba con sus pezones mientras la tomaba.

Joe apretó los dientes mientras montaba su cuerpo, bombeando arriba y abajo en su estrecha abertura
con largos y agonizantes movimientos. Sus dedos tiraban y pellizcaban sus pezones mientras la
arremetía, una y otra vez, estrujando su cuerpo con orgasmo tras orgasmo.

-Ay, Dios.

-¿Se siente bien? -murmuró en su oído, mientras sus caderas golpeaban contra ella mientras
machacaba duramente dentro de ella- ¿Sí? -dijo entre dientes, con la mandíbula apretada.

-Sí.


Joe tiró de sus pezones de nuevo, como a ella le gustaba, como recompensa a su respuesta. Ella
gimió, haciendo que él arremetiera más profundo y más rápido.

-¿Se portó mal mi chica esta semana? -preguntó casi por casualidad mientras la embestía una
y otra vez- ¿Ha estado con alguien más?.

-No -iba al encuentro de sus embates, vorazmente encantada con cada minuto de ello.

Él rotó sus caderas y la ensartó con más fuerza, mientras sus dedos aún tiraban y pellizcaban
sus alargados pezones.

-Te daré más, entonces -gruñó- ya que has sido una niña buena mientras no estuviste
conmigo.

Hizo honor a sus palabras, llevando su duro pene dentro de ella más y más, una y otra vez,
haciéndola acabar más veces y más violentamente de lo que antes pensó que sería posible.

__________ cerró los ojos y sonrió, queriendo que él la siguiera tomándola por siempre,
queriendo que él la embistiera hora tras hora, pero percibió que su orgasmo estaba cerca. Iba al
encuentro de sus embates con voracidad, golpeando su trasero contra él, gimiendo mientras él
estrujaba su vulva y la dejaba empapada.

-__________.

Y luego se correría, gimiendo mientras la embestía por última vez. Soltó sus senos, agarrándola
de las caderas y hundiendo los dedos en ellas, mientras eyaculaba su orgasmo bien adentro de su
cuerpo.


Joe apenas podía respirar, mucho menos moverse, así que la mantuvo allí por un buen rato,
inmovilizada contra el banco y unida a él en su carne mientras recobraba la consciencia. Cuando la
dejó levantarse un momento después, ella giró para mirarlo, con una sonrisa estirando sus labios.
Se veía adorablemente lujuriosa, pensó, sus ojos grandes y luminosos contrastando con su camisa
que había sido levantada sobre sus senos y la falda montada en sus caderas.

-Las gafas te dan un toque excitante, Joe, pero creo que la próxima vez deberías sacártelas
-se separó de él- no tiene sentido que se rompan.

¿La próxima vez?, pensó esperanzado.

Se bajó la ajustada camisa para ocultar sus senos, luego hizo lo mismo con su falda, escondiendo su
pelada vulva de su vista.

-Tienes otra clase en una hora, ¿no? Al menos eso dijo Kevin. Será mejor que te prepares.

Joe sacudió la cabeza para aclarar sus ideas. Le estaba costando volver a funcionar en la modalidad
de profesor cuando la mujer de sus sueños entró sin prisa a su clase, lo sedujo y lo tomó hasta
dejarlo inconsciente.

-S-sí -tartamudeó, prevaleciendo en sus pensamientos- sí, por supuesto.

Ella sonrió, colgándose el bolso sobre el hombro mientras caminaba plácidamente hacia la puerta.

-Nos vemos luego, entonces .

-¿Luego? -aclaró su garganta mientras ponía su saciado pene dentro de los pantalones y
levantaba el cierre- ¿Luego cuándo?


La mano de __________ se paralizó sobre el picaporte. Lo miró sobre el hombro mientras abría la
puerta- pronto.

Él asintió.

-Ah, y Joe -dijo mientras abría la puerta, deteniéndose cuando ya estaba entreabierta- una
cosa más.

El buscó sus ojos.
-¿Sí?.

-Eres cualquier cosa menos aburrido -sonrió lentamente- pero si consideras aburrido lo que
acabamos de hacer, ten la libertad de aburrirme hasta las lágrimas cuando quieras.

Joe la observó irse, dándose cuenta de que de alguna u otra manera Kevin la había encontrado y
había hablado con ella. No había otra explicación.



Capitulo 14:


Con una sonrisa estirando los rincones de su boca, se sacó las gafas de marco dorado y las lanzó a

la papelera mientras salía del salón de clases dando largos pasos.


Maldición

Joe masculló en voz baja mientras pescaba sus gafas de la papelera. Pensó que debió haber esperado para completar el gesto simbólico de deshacerse de lo viejo y comenzar de nuevo hasta haber terminado con las clases del día.

Se había dado cuenta, casi desde el comienzo de su última clase, que no podía comprender ni su propia letra ilegible sin ayuda visual. Le quedaba una sola clase hoy y los lentes de contacto que usó en las montañas habían quedado en su departamento.

Joe recuperó las gafas, notando agradecido que no habían tirado desperdicios de ningún tipo sobre ellos. Como era un fastidioso sin remedio, sin embargo, no pudo evitar llevarlos al baño de hombres y darles una buena enjuagada.

Parado frente al lavabo mientras secaba sus lentes, se miró a sí mismo en el espejo. Empujando los lentes de marco dorado sobre el puente de su nariz, notó por primera vez que ya no se veía bien con ellos.

Había cambiado. Ella lo había cambiado. Nada era lo mismo ya, ni lo sería alguna vez.

Sonrió para sí, dándose cuenta de que no le importaba eso. Luego frunció el ceño, preguntándose qué significaba eso exactamente, y si era la intención de __________ Elliot Jhonson ser parte permanente de su nueva vida.



+++++++++


Sentada a la mesa en la habitación de su hotel, __________ tomó un sorbo pensativamente del vaso de Merlot mientras consideraba su próxima maniobra. Cuando decidió ir a la universidad esta mañana, un pequeño estremecimiento de duda la asaltó antes de llevar a cabo la seducción. Si Kevin hubiera estado equivocado en sus presunciones, después de todo, ella se habría sentido como una tonta.

Pero no. Kevin había estado en lo cierto. Joe todavía la deseaba. Estaba segura de eso ahora. El problema, como lo veía ella, era conseguir que un cierto profesor de matemáticas testarudo se de cuenta de que estaban hechos el uno para el otro.

No quería que hubiera dudas entre ellos, no quería que él se preguntara constantemente si el vínculo que habían formado en las montañas había sido un evento fortuito. Ella lo deseaba, a todo él, y quería que él la deseara tanto que se sobrepusiera a todas sus dudas al respecto y la buscara.

Entonces decidió seducirlo... y seguir seduciéndolo hasta que no pudiera soportar la idea de pasar un día sin verla. Supo que la misión estaría cumplida cuando él no pudiera esperar que ella viniera a él y, en cambio, fuera precipitadamente a buscarla.

Con la mayoría de los hombres, ése gesto no hubiera querido decir nada, pero con Joe se dio cuenta
de que era exactamente lo contrario. Cuando viniera a ella, cuando ya no pudiera soportar la
separación, allí sería cuando sabría que él era suyo... enganchado con anzuelo, línea y
plomada.
__________ levantó el vaso de vino hasta sus labios y tomó un sorbo lentamente. Iba a seducirlo
nuevamente. Era sólo cuestión de cuándo y como.


Dos noches más tarde, formalmente vestido con esmoquin y falda kilt, Joe conversaba cortésmente con un colega de matemáticas sentado a su derecha en la sala de banquetes de la Universidad de Edimburgo. No podía esperar que termine la aburrida cena, queriendo como quería volver a su departamento y arreglar sus tumultuosas ideas en privado.

Había pensado que __________ no querría saber nada con él después de volver de Cairn Gorm, pero se había equivocado por una vez. Ella lo vino a buscar y lo sedujo en su propia aula de clases. Pero luego desapareció y no volvió a saber de ella desde entonces. No estaba seguro de cómo interpretar eso.

Después de esa mañana dos días atrás cuando la tomó sobre el banco, Joe pasó con su auto por el hotel de ella esa noche y pensó en entrar. Pero no lo hizo. Finalmente, no pudiendo decidir qué hacer, simplemente se sentó en su auto, mirando pensativamente por la ventana del Lexus, con sus emociones desordenadas.

Él estaba cambiando, la vida estaba cambiando. Se sintió como un convicto tratando de decidir si intentaría escaparse o no.

-Ah, allí estás. Y veo que me has reservado un asiento.

Joe suspiró con alivio, agradecido de que Kevin Castell finalmente había aparecido. Su llegada dio a Joe la excusa perfecta para dejar de charlar con el aburrido profesor sentado a su derecha.

-Hola, Kev. Que bueno que finalmente pudieras venir -le dijo con mordacidad.

-Como si alguno de nosotros pudiera elegir -dijo Kevin en voz baja mientras se sentaba a la izquierda de Joe. Se calzó una sonrisa mientras inclinaba su cabeza a la esposa de un profesor titular- el deber nos llama.

-Mmm, sí -Joe sonrió, y cruzó miradas con su amigo- no hay nada como una reunión universitaria para desacelerar un día ya gris, siempre lo digo.

-Se está por poner más gris -Kevin suspiró- el Profesor Hamilton se está acercando al escenario.

-Ay, qué felicidad -dijo Joe secamente- espero que nos cuente la historia de cómo se hizo amigo de la Reina Isabel cuando estuvo en Londres. Solamente la hemos escuchado unas...¿qué? Dieciocho o diecinueve veces.

Kevin rió suavemente por lo bajo, luego hizo una mueca cuando el Profesor Hamilton comenzó a hablar.

-Parece que serán veinte.

Sin otra opción, los dos hombres dirigieron su atención al escenario y escucharon la aburrida voz de Hamilton. Joe se encontró con que su mente se evadía, una reacción natural al más puro aburrimiento, pensó.

Sus pensamientos se dispersaban, pero los encontró solidificándose alrededor del enigma de una mujer en particular. No pudo dejar de pensar en qué estaría haciendo __________ en ese momento. Y tan importante como eso, con quién lo estaría haciendo.

Joe se perdió en sus pensamientos tanto que le llevó un buen rato a su cerebro registrar que algo fuera de lo común estaba pasando, algo que no esperaba para nada. Y que eso estaba ocurriendo justo en su mesa...

O, más precisamente, justo debajo de su mesa.

Joe se mantuvo quieto, mientras unas gotas de transpiración brotaban de su frente, mientras una boca muy cálida y lujuriosa envolvió su pene y lo llevó todo hacia adentro. Él conocía bien a esa boca porque ya había pasado aquello muchas veces antes, pecaminosamente deliciosa en su habilidad. Podía tener los ojos tapados y mil mujeres diferentes turnándose para darle placer y aun así podría distinguir a __________ sin ninguna dificultad.

Tan discretamente como era posible, Joe miró para abajo hacia su falda, corrió un poco el mantel a un lado, y vio una lengua larga y rosada salir disparada entre dos labios carmesí para chupar su sensible cabeza. Se puso duro como el acero en un instante.

Volviendo a acomodar el mantel, Joe respiró hondo mientras miraba alrededor del salón y pensaba cómo diablos sobreviviría a este banquete. Podía sentir como la leche se le formaba, sabía que iba a salir una gran cantidad. Incluso podía sentir que su respiración se volvía pesada, su corazón latía a un ritmo desmesurado, aunque él hacía lo mejor que podía para aplacarlo.

Joe cerró los ojos por un instante cuando __________ comenzó a deborarlo hasta que le llegó a la garganta. Sus orificios nasales se agrandaron. Podía sentir sus labios sobre la base de su pene, sentirlos acariciarlo con movimientos suaves y ascendentes, sentirlos detenerse en su cabeza y chuparla con energía. Sintió que los dedos de los pies se le encogían y los músculos se le endurecían mientras hacía lo mejor que podía para no gemir en voz alta.

A su derecha, el Profesor Atchinson le murmuró algo a Joe en voz baja. Todo lo que pudo hacer fue
sonreír y asentir en respuesta antes de darse vuelta para mirar el escenario una vez más en un
esfuerzo por esconder de alguna manera sus expresiones faciales.

Se secó el sudor de la frente mientras las manos de __________comenzaban a masajearle los músculos
de los muslos. Respiró hondo cuando ella hizo una pausa para mordisquear suavemente su cabeza,
luego retomó su labor.

Luego se volvió animal, devorándolo con rápidos movimientos hacia arriba y hacia abajo. Voraz.
Insaciable. Queriendo su leche, queriendo que terminara en su boca allí mismo, debajo de la mesa.

Sus movimientos se volvieron más y más rápidos, y más rápidos aún. Joe cerró los ojos y
respiró profundo, rogando por primera vez que Hamilton siguiera hablando para que todos los ojos
siguieran fijos en él, sobre el escenario.

Los movimientos se intensificó sobre la cabeza de su pene, toda la considerable habilidad de
__________ concentrada en esa área tan sensible de su hombría. Unos dedos se unieron para
masajearlo, y Joe supo que estaba inevitablemente cerca de correrse.


Podía imaginarse cómo se veía, podía ver su cabeza pelirroja meciéndose hacia arriba y hacia
abajo por su pene en su mente. Conocía el aspecto de éxtasis carnal que sería intrínseco a sus
rasgos faciales, sabía cómo se verían esos labios carnosos mientras se daban un festín con él.
Ya no podía soportarlo más.

El discurso de Hamilton llegó a su fin y estallaron los aplausos justo a tiempo para acallar el
pequeño gemido que Joe no pudo suprimir. Se corrió dentro de su boca expectante una, dos, tres
veces, una erupción de esperma aparentemente interminable, mientras sus músculos se apretaban
fuerte y su mandíbula se endurecía.

-Gracias a Dios que terminó -murmuró Kevin a su lado- Fue un discurso condenadamente
aburrido.

Joe espiró hondo para afianzarse. Se había acabado tan duramente que se sentía al borde del
desmayo. Y ahora ella le chupaba el pequeño orificio de su pene, sus labios y lengua lo limpiaban
vorazmente hasta secarlo. Apretó los dientes.

-Aburrido... en verdad .



Capitulo 15:


Joe se despertó la mañana siguiente con una rígida erección. Mientras se levantaba tambaleando y desnudo, deseó que una cierta mujer estuviera acostada a su lado para que pudiera hacerse cargo del asunto por él. Pero no estaba. Tal como lo había hecho la mañana que lo sedujo en el salón de clases, también desapareció después de dejarlo medio muerto en el banquete de la noche anterior.

No se quedó con una vez. Siguió y le dio otra. Seguía asombrado de que casi a los treinta y seis se podía poner tan duro tan rápido y producir tan enormes cantidades de leche por esta mujer increíblemente excitante.

Joe caminó hacia el baño, abrió la ducha y se metió debajo, lavándose rápidamente el cuerpo y el cabello. Tenía trabajo que hacer hoy en la oficina, pero Dios sabía que iba a ser difícil en el mejor de los casos, imposible en el peor, mantener su cerebro concentrado en las matemáticas.

Cerrando el agua, se secó con la toalla, con cuidado de no lastimarse al hacerlo. Su erección estaba bastante grande y dolorosamente inflamada. Colgándose la toalla en el hombro, Joe caminó hasta el dormitorio con pisadas suaves, con su cabeza hecha un caos.

Quería ir a ella, quería encontrarla. La necesitaba.

Lo que deseaba de __________ era más que sexo, más que montar su cuerpo y cabalgar su carne hasta perder la consciencia. Quería todo de ella... corazón, alma, y también cuerpo. Quería lo que compartieron en Cairn Gorm y quería que dure por siempre.

Pero, ¿la haría feliz a la larga?, se preguntó por enésima vez. ¿Podría una apasionada mujer de veintinueve años permanecer feliz viviendo su vida con un reservado profesor de matemáticas siete años mayor?

Estos pensamientos lo siguieron asediando mientras salía del departamento y se dirigía a la universidad. Había tantas preguntas, tantas malditas dudas, pero también sabía sin lugar a dudas que había una sola respuesta.

Debía tenerla, no importaba nada más. Tenía que encontrar una manera de mantenerla a su lado.

Joe sacó la llave de su oficina del bolsillo de sus pantalones, preparándose para abrir la puerta. La puerta se abrió de par en par con solo tocarla, sin embargo, por lo que entró, concluyendo que debió haberse olvidado de echarle llave antes de irse la noche anterior. La escena que lo recibió lo hizo detenerse en su camino.

-Hola.

La erección que Joe había tenido toda la mañana creció y se hizo mucho más pronunciada cuando sus ojos se deleitaron con la reclinada forma de una muy desnuda __________ Elliot Jhonson. Estaba recostada en el pequeño sofá de su oficina, el que estaba frente a su escritorio, con las piernas bien abiertas, su sexo reluciente.

Sus pechos estaban levantados como invitándolo, sus pezones ya se erguían como cuchillas sobre sus acolchadas bases rosadas. Estaba simplemente recostada allí, sin nada puesto más que una sonrisa traviesa, sus piernas sumisamente abiertas para sus embates.

- Hola.

Los ojos de Joe ardían posesivos en dirección a los de ella cuando cerró la puerta detrás de él y comenzó a desabrocharse la camisa.

-Iba a esperar hasta esta noche -admitió ella, sus ojos verde claro cubiertos de deseo- pero descubrí que no podía.

Miró expectante mientras su cuerpo musculoso emergía de la ropa.

-Me alegro que no lo hicieras -murmuró- porque necesito tomarte ahora mismo.

Y luego ella se estiró hasta alcanzarlo, tirándolo sobre ella mientras él se acomodaba entre sus muslos y la embestía con un sólo poderoso embate. No pudo ofrecerle ningún juego anticipatorio, ninguna palabra de cariño, porque su mente se había vuelto primitiva hacía ya un tiempo y su cuerpo había tomado el control ante su necesidad de aparearse con el de ella.

__________ se quedó sin aliento cuando él la penetró, agarrándose de atrás de sus hombros mientras sus piernas envolvían su cintura. Su cabeza cayó hacia atrás con un gemido, mientras el la embestía fuerte, llevándola al borde del orgasmo.

Podía oír cómo su carne hacía ruidos como si sorbiera de él, podía oírlo gemir mientras la
golpeteaba hasta la inconsciencia, sin importarle nada excepto el cuerpo que estaba reclamando. Sus
manos encontraron sus senos, levantándolos y juntándolos hacia arriba para poder chupar sus
pezones mientras la tomaba.

-Joe...

__________ se corrió, con su espalda arqueada y sus pezones proyectados hacia su cálida boca, más
duros que antes. Él gimió, chupando los picos más vigorosamente, empujando dentro de su pegajosa
carne con golpes rápidos y profundos. Sus piernas seguían colgándose de su cintura,
permitiéndole una penetración profunda que los calentaba a los dos hasta altas temperaturas.

Su boca aferrada a un pezón prominente, gimió contra su seno al acabarse. Con todo el cuerpo
convulsionándose, Joe terminó violentamente dentro de ella, largándole su leche caliente bien
adentro de su útero.

Podía sentir sus manos deslizándose por su espalda, masajeando su trasero mientras su respiración
se estabilizaba y sus párpados le pesaban. Él no soltó su pezón, no quería soltar su pezón. Su
cabeza cayó sobre su seno, aún tirando de él.

 

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Losé Losé.. me recontra atrase:_

Pero aca volvi je, & con el maratón :DD

Obsesión; Capitulo 12

Joe se levantó los anteojos de marco dorado sobre el puente de su nariz mientras se dirigía al salón. Sus ojos fueron y vinieron desapasionados por el grupo de estudiantes, notando enseguida que tenía la clase completa, con unos treinta o más. Abrió el maletín al llegar a la tarima y tomó de allí la lista.


-James O'Donnell.

-Presente.

-Marion McKenna.

-Presente.

Y así siguió por otros treinta y tantos nombres hasta llegar al fin de la lista.

-¿Me faltó nombrar a alguien? -preguntó mientras empujaba sus anteojos sobre el puente de su nariz nuevamente.

Vio una mano levantarse con su visión periférica.

-A mí.

-¿Su nombre? -preguntó al levantar la vista- ¿Cuál es su...?

A Joe se le atoró la respiración en el fondo de la garganta cuando se dio cuenta de quién era la estudiante misteriosa. Ella se comportaba como si no estuviera pasando nada fuera de lo común. Demonios, actuaba como si ni siquiera lo reconociera.

__________ estaba vestida con una camisa desenfrenadamente apretada que exhibía su impresionante busto y los bordes de sus pezones, y una pequeña y ajustada falda que la cubría hasta la parte superior de los muslos. Completaba el conjunto totalmente blanco un par de zapatos de tacos, que la llevaban cerca de sus seis pies de altura.

-¿Cómo es su nombre? -preguntó tan calmadamente como pudo.

-__________ Elliot Jhonson.

-Bien

¿Qué hacía aquí?, se preguntó. ¿Qué estaba haciendo? Hizo como que anotaba el nombre, mientras su corazón latía dramáticamente en su pecho.

-La he agregado a la lista.

Requirió un esfuerzo descomunal, pero de alguna manera u otra Joe se las arregló para comenzar su clase. Girando hacia la pizarra, comenzó a anotar nombres y fechas, dándoles a los alumnos una breve historia de las matemáticas. Bueno, pensó deprimido mientras continuaba anotando, si no lo consideraba un total y absoluto aburrido antes de este momento, sin duda lo haría luego de escucharlo pontificar sobre la utilidad del cálculo en las ciencias.

-Entonces -siguió monótono mientras regresaba a la tarima y continuaba con su clase- el que abrió el camino para los cálculos diferenciales e integrales fue Isaac Newton...

Sus labios seguían moviéndose, vomitando fechas y datos, pero su mente estaba agitada, y por eso su mirada se dirigió hacia la causante de esto.

Joe vio con fascinación y estupor, sin poder hacer nada para detenerla, sin poder desviar la atención de él, mientras __________ abría lentamente sus muslos, revelando el hecho de que no llevaba puestas braguitas. La carne húmeda y pelada relucía desde la primera fila de bancos y él tenía que mirar hacia otro lado para no quedar como un tonto. Su pene estaba tan duro que temió que explotara.

Continuó con su clase, sin moverse de la tarima ahora por miedo a que algún estudiante notara su dura erección.

-Siguiendo la tesis de Sir Isaac Newton....

Se merecía una medalla por su fortaleza, por ser capaz de resistirse a mirarla, pensó para sí.

Pero, por supuesto, Joe no pudo más con el suspenso. Tenía que saber qué tramaba, tenía que ver por sí mismo qué estaba haciendo ahora. Contra su voluntad, sus ojos se desviaron una vez más hacia el banco de __________, agrandándose ante su descubrimiento.

Se estaba manoseando. Allí mismo, en su banco. Justo frente a él, mientras daba clases. Pensó que había planeado bien dónde sentarse, sobre la derecha como estaba, porque podía tocarse sin que nadie más que él lo pudiera ver.

Unas uñas rojo sangre se arrastraban alrededor de sus pliegues labiales, abriéndolos de par en par para que él la inspeccionara. Tomó su inflamado clítoris entre el dedo índice y el mayor, y comenzó a masajearlo con movimientos circulares. Sus ojos verde claro estaban vidriosos cuando levantó la vista para mirarlo, sosteniéndole descaradamente la mirada mientras estaba allí sentada en el salón de clases y se acariciaba.

Y de alguna manera continuó hablando, de alguna manera continuó atrayendo la atención de la clase hacia sí y la mantuvo, de alguna manera se las arregló para no mirar hacia donde estaba esa vulva exquisitamente mojada lo suficiente como para no despertar sospechas.

-...lo que resultó en la implementación del cálculo como lo usamos hoy en día...

No supo cómo puso cara de nada, no supo cómo se las arregló para abstenerse de explotar en sudor, porque todo lo que necesitó fue un vistazo de su pequeña vulva para volver a funcionar del modo primitivo en el que había pasado todo ese fin de semana maravilloso.

-Si pasamos ahora a la página....

De alguna manera u otra pudo terminar la clase, se las arregló para actuar como si nada estuviera
mal por otros veinte minutos, aún cuando __________ siguió manoseándose todo ese tiempo. No paró
un instante, notó, no hasta que él dijo que la clase había terminado y que los vería el
miércoles.

-Señorita Elliot Jhonson -dijo, asombrado al sonar tan calmado- me gustaría que se quede
después de clase así hablamos de sus horarios este semestre.

-Por supuesto -contestó ella, sonando para todo el mundo como si no pasara nada fuera de lo
común.

 

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Hoola(:

PERDON POR LA DEMORA:_

La secundaria, mi madre.. aaaaaaaaaaaarg¬ Problemas MUCHOS problemas:(

Espero ke les guste el capitulo, mañana MARATÓN de seguro :DD

 

Lasaaaaaaamo<3

Obsesión; Capitulo 11

Dentro del perímetro del Festival de Edimburgo con los otros autores de Ballast, firmando autógrafos y haciendo lo mejor de sí para vender copias de El Grito antes de que su próximo lanzamiento llegue a las librerías a fin de mes. Su cabeza se levantó rápidamente cuando su visión periférica se chocó con un par de pantalones de tweed color camel, pero se desilusionó al verlos sobre un hombre de cabello claro en lugar de cierto hombre de pelo oscuro que parecía no poder olvidar. El extraño era guapo, pero no era Joe.


Habían pasado cuatro días desde que llamó, una semana desde que lo vio por última vez. Lamentablemente, el tiempo no la ayudaba a calmar la sensación de pérdida para nada.

-Esperaba conseguir un autógrafo -el hombre de cabello claro le sonrió- ya tengo este libro, pero qué importa, otra copia no me va a hacer pobre.

__________ sonrió.

-Me alegra escucharlo. ¿A quién se lo dedico?.

-Kevin Castell -él sonrió, mirándola a los ojos para ver su reacción- soy amigo y colega de Joseph Jonas.

No se desilusionó. Sus ojos verde claro se agrandaron, reveladores, pensó, mientras volvía su mirada al libro.

-¿Y cómo anda? -preguntó un poco demasiado indiferente mientras escribía en el libro.

-Como la beep -dijo bruscamente. __________ levantó rápidamente la cabeza, y Kevin le sonrió- así que, si existe la más mínima posibilidad de que tú te sientas igual, quizás deberías llamarlo.

Buscó su mirada.

-¿Te envió Joe hoy aquí?.

-No.

La respuesta de Kevin la descorazonó.

-A decir verdad, yo vivo aquí a la vuelta y decidí salir a dar un pequeño paseo. Cuando vi la tienda de Ballast, pensé en pasar a saludar.

Ella suspiró, pasándole el libro autografiado.

-¿Qué te hace pensar que Joe quiere que lo llame?.

-Como te dije, se siente como la beep. Desde el día en que su pequeño... -aclaró su garganta- ...romance terminó.

-¿De verdad? -preguntó en voz baja.

Kevin rió por lo bajo.

-Sí, de verdad -miró su reloj y volvió a mirarla a ella- si puedes tomarte un descanso de unos minutos, me dará mucho gusto invitarte a tomar algo y contártelo todo.

__________ sonrió. Asintió, y se puso de pie lentamente.

-Hecho.

++++++

-Me dejas atónita -haciendo girar su Ruso Blanco en el vaso distraídamente, __________ encontró la mirada de Kevin- he andado deprimida por ahí toda la semana, pensando que no quería saber nada conmigo. ¿Y ahora apareces tú y me dices que es porque él piensa que es aburrido? -ella meneó la cabeza, desconcertada- si hay algo que Joe no es, es aburrido. ¿De dónde sacó una idea como ésa?.

Kevin rió por lo bajo mientras apoyaba su vaso de vino sobre la mesa del pub.

-Los hombres son criaturas notablemente extrañas .Parece que no podemos evitarlo.

Sonrió ante eso, sintiéndose más alegre de lo que se había sentido en días.

-Te debo una grande. Si no fuera por ti, nunca me habría enterado de nada de esto. Joe no parecía querer verme de nuevo, por eso es que no quise ponerle presión al asunto.

-¿Y ahora?.

Su sonrisa apareció lentamente y llena de malicia.

-Y ahora voy a probarle al Dr. Jonas que es cualquier cosa menos gris y sensato.

Kevin levantó su copa de vino, brindando por eso. Él sonrió.

-Me temo que cuando todo esté dicho y hecho tendré que presionar a Joe para que me cuente los detalles pecaminosos.

Ella brindó con él con el Ruso Blanco.

-Serán muy buenos. Tengo una atracción por lo dramático. Parece que no puedo evitarlo -ella
rió por lo bajo.-Es de familia.

 

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Chicaaas :D

Se ke los capitulos son cortos:_ pero la novela esta diseñada asi, ya ke es MUY corta:(

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Hoola(:

HOOLAC:

Me llamo Camila, diganme Cami o Caam, como quieran(?

En este blog, habran novelas de los JONAS♥ Y esas novelas seran, nada menos que HOOT'S:$ Pues si, tengo una debilidad por esas novelas je:$ Espero que les gusten las novelas que publicare aqui ;)

 

Las Quierooo :B

 

by: Caaami(:

Mi primer premio; Primer Lugar: Libro Rojo♥ :$

Mi primer premio; Primer Lugar: Libro Rojo♥ :$